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EGM.
septiembre 2016 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 19, septiembre 2016.

Una entrevista a Dan Munteanu Colán

Carmen Sveduneac
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Carmen Sveduneac1

 

Carmen Sveduneac: Tengo el placer de conversar hoy con Dan Munteanu Colán2, un gran romanista e hispanista, lingüista y crítico literario; autor del primer diccionario rumano-español aparecido en Rumanía (1967), elaborado en colaboración con Constantin Parii; autor asimismo de gramáticas y manuales, obras de divulgación, monografías científicas y centenares de artículos académicos y capítulos de libros especializados. Dan Munteanu Colán es además uno de los principales traductores de literatura española e hispanoamericana al rumano y de literatura rumana al español. Después de trabajar durante años en el Instituto de Lingüística de Bucarest, ciudad en la que también ejerció el periodismo como analista de política internacional, comenzó a cultivar la docencia en diversas universidades españolas hasta establecerse en la de Las Palmas de Gran Canaria donde es actualmente catedrático de Filología Románica. En 1995, se le concedió la nacionalidad española por carta de naturaleza. Ha merecido numerosos premios y galardones que sería prolijo enumerar aquí. En realidad, es una figura que no necesita presentación. Los interesados en el detalle pueden dirigirse a su página web ¡Buenos días!

Dan Munteanu: Buenos días, querida Carmen. Buenos días a todos.

CS: Mañana se conmemoran los 399 años de la muerte de Cervantes (16 abril de 1616). Mirando hacia atrás en la historia, hace unos cien años, entre 1915 y 1916, cuando se celebraba el tricentenario de dicha muerte, un grupo de intelectuales rumanos (entre los cuales podríamos nombrar a Eugen Lovinescu, Tudor Vianu, Dumitru Caracostea, etc.) publicaron en Noua Revistă Româna [‘La Nueva Revista Rumana’], en un número especial dedicado a Cervantes, varios estudios sobre el gran autor español, dando comienzo así a las exégesis cervantinas en el espacio rumano. ¿Cómo ve hoy, cien años después, la figura de Cervantes en el referido ámbito literario rumano y cuáles son en su opinión los estudios críticos sobre el creador del Quijote que destacan en la crítica rumana?

DM: La figura de Cervantes y especialmente de Don Quijote en el espacio rumano, si bien diría que hoy en día ya no ocupa uno de los primeros lugares en la galería de los grandes personajes literarios fue, ha sido y es una presencia continua y continuada desde los inicios de lo que me gustaría llamar la prehistoria de la hispanística rumana, es decir desde el siglo xix, cuando se hicieron varias traducciones fragmentarias del Quijote, una de ellas firmada por Heliade Rădulescu3, algunas firmadas por personas totalmente desconocidas o incluso anónimas, hasta prácticamente finales del siglo xx, del siglo pasado; la primera traducción seria, «científica» podríamos decir, se publicó en los años 60; fue una traducción casi completa, es decir las dos partes en un solo tomo, en formato grande, muy bien editada, con reproducciones de los grabados de Gustavo Doré; era una traducción buena desde el punto de vista del estilo y el lenguaje, quizás no totalmente exacta, ni demasiado fina en cuanto a los matices del libro original, pero sí, en conjunto y para su momento, era una estupenda traducción.

CS: ¿Se refiere a la traducción de Edgar Papu y Ion Frunzetti?

DM: Exacto, me refiero a la traducción de Edgar Papu y Ion Frunzetti. Y si bien esta traducción ocupó durante unas décadas el lugar que le correspondía, después se publicó la traducción de Sorin Mărculescu, que es realmente la mejor hasta ahora, diría yo. Además Sorin Mărculescu se ha especializado en la traducción de la obra de Cervantes, porque ha traducido también Los trabajos de Persiles y Segismunda, las Novelas ejemplares, ha escrito incluso algunos estudios críticos, es decir que...

CS: Es un exégeta...

DM: ... es un exégeta de Cervantes y es un buen traductor, además de ser un buen poeta, lo que garantiza también el aspecto poético de la traducción. Pero quizás hoy por hoy, Cervantes, no diría que esté arrinconado, o que no figure entre las primeras y grandes personalidades y/o personajes literarios, sino que, de algún modo, no está tan visible como antes. Sin embargo, y me aventuro a afirmar eso, creo que hay pocos rumanos, de la categoría de la gente media, de cultura media, que no sepan quién es Cervantes, que no hayan leído El Quijote o por lo menos que no sepan quién es Don Quijote.

CS: ¿Tenemos exégetas de Cervantes conocidos en el exterior?

DM: ¿Rumanos?

CS: Rumanos, sí.

DM: Pues, creo que excepto Popescu Telega, Sorin Mărculescu y quizás, quizás George Călinescu, que ha escrito alguna cosa sobre Cervantes, no tenemos. No hay unos cervantistas de talla internacional en Rumanía. Y que me perdonen los que quizás lo sean y yo no estoy informado. (Se ríe)

CS: ¿Cuál es en su opinión el rumano que más contribuyo en difundir la obra y la biografía de Cervantes en Rumanía?

DM: Yo diría que indudablemente y también desde el punto de vista cronológico fue Alexandru Popescu Telega.

CS: Después de la Biblia, El Quijote es el libro más traducido del mundo. En Rumanía la primera traducción en la historia del Quijote fue la de Heliade Radulescu, como ya hemos apuntado antes, a través y a partir de una versión francesa. Después de las traducciones de Edgar Papu, Frunzetti y Sorin Marculescu, ¿cree que aún se puede realizar una traducción más del Quijote? ¿Podemos detenernos ante la traducción de Sorin Marculescu? ¿Es la traducción definitiva?

DM: Sin duda la traducción de Sorin Marculescu marca un punto de inflexión, es un hito muy importante en la historia del texto rumano de El Quijote, pero en mi opinión, defendiendo el punto de vista del traductor —como sabes la traducción es mi hobby por no decir otra faceta de mi profesión—, creo que siempre es posible crear una versión mejor de cualquier traducción literaria, incluso de la obra de Cervantes, no solo del Quijote.

CS: ¿Se atrevería a hacerla usted?

DM: Sí. Sí... Sí, me atrevería, porque... Porque vamos a ver, Carmen, después de haber traducido el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, que como sabes es de un barroquismo profundo... y haber hecho una traducción con aparato crítico y toda la parafernalia, después de haber traducido, por otro lado, el Amadís de Gaula, una novela de caballerías de cuatro tomos, en versión íntegra... creo, que entre Amadís de Gaula y Mateo Alemán, Cervantes encajaría perfectamente en mi trayectoria. Pero eso depende en general de las editoriales, no de los traductores.

CS: Como traductor, ¿qué elije usted primero, el autor o el texto?

DM: Como traductor elijo el autor y después del autor elijo el texto de entre los textos del autor.

CS: Aunque es usted antes que nada un filólogo, su relación con la traducción literaria hemos intuido ya que ha ido mucho más lejos de los coqueteos habituales de cualquier filólogo. Se le puede considerar, usted lo apuntaba antes, también un traductor profesional, y de los importantes. En este sentido, ¿cuál es su técnica? ¿Cuantas veces lee usted un libro antes de empezar a traducirlo? Después de la traducción, ¿deja reposar el texto y regresa a él de nuevo pasa hacer algunos retoques? ¿Cómo hace?

DM: Pues la voy a sorprender, como lo hice con muchísimos otros que me han hecho esta pregunta antes. Yo nunca leo el libro antes de traducirlo. Nunca, jamás. Es decir, sé de qué trata el libro, quién es el autor, qué estilo y qué escritura tiene, qué tipo de literatura escribe, sé de lo que se ha escrito sobre el libro, sé cuál es el lugar del libro en el panorama de la literatura, de la perspectiva de literatura de expresión española o de la literatura universal y si no lo he leído, nunca lo leo. Y si lo he leído no lo vuelvo a leer antes de empezar la traducción.

CS: Tengo que reconocer que yo también hago lo mismo. Pienso que, si ya conoces el final del libro, puedes perder interés y, más que eso, conociendo el final del libro puedes estar influenciado y dejar, sin querer, que se entrevea la acción futura. De alguna manera, eso es perder la inmediatez de la lectura, el efecto sorpresa ante el texto, diría, algo que también debería dejar huella en una buena traducción...

DM: Sí, sí. Estoy completamente de acuerdo contigo, Carmen. Y en cuanto a la segunda pregunta que me has hecho, la respuesta también es sí. Traduzco un texto, lo dejo reposar, como dices tú, no mucho tiempo, pero como mínimo dos semanas, si no un mes, y después lo vuelvo a leer con otros ojos y otra perspectiva. ¿Sabes? El distanciamiento te permite ser más objetivo, algo que ayuda mucho. Y creo que ese es el mejor procedimiento, no porque lo practique yo, sino porque creo que todo traductor con cierta dosis de profesionalidad hace lo mismo.

CS: ¿Cuál ha sido su traducción literaria más difícil hasta ahora y por qué?

DM: Hmm (suspira). Por orden cronológico mencionaría primero El recurso del método de Alejo Carpentier. Luego, en función de su dificultad, seguirían Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán y Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante. ¿Por qué? Carpentier, como bien sabes, tiene una frase muy ampulosa, frase barroca, una frase que contiene siempre muchas informaciones adyacentes que son en realidad llamadas a lo que podríamos denominar el dominio epistémico del lector, la competencia intertextual e intercultural del lector. Piensa que casi todos los capítulos empiezan con una cita del Discurso del método o el Tratado de las pasiones del alma, todas estas citas hay que (re)conocerlas, o al menos identificar su autor, ver si se han traducido al rumano y, en tal caso, reproducir la cita de la traducción rumana oficialmente publicada. El traductor debe entender no únicamente el léxico (aparecen muchos cubanismos y latino-americanismos), sino las alusiones, las referencias a determinados aspectos culturales, morales, religiosos, etc. Quiero decir que esa traducción me supuso un gran esfuerzo y fue un auténtico reto. Tuve que comunicarme con Carpentier, cartearme con él varias veces para aclarar algunas cosas que me resultaban difíciles de comprender. En cuanto al Guzman de Alfarache, la lengua de esta novela es el español de comienzos del siglo xvii, en pleno barroco auténtico, no barroco carpenteriano, y también con muchísimas, pero muchísimas, alusiones a realidades de la época, incluso dichos, refranes que hoy ya no se utilizan, que a lo mejor los puede encontrar uno en el vocabulario de Covarrubias, y que contiene, más allá de los capítulos propiamente dichos de la novela, aquellos otros, de consideraciones filosóficas, morales, religiosas, que son dificilísimos de traducir. Y finalmente, en el caso de Cabrera Infante, el escritor utiliza también un lenguaje muy variado, porque como él mismo declara recurre a distintas modalidades del habla cubana, hace también referencias a personajes, títulos de libros, música, fotografía, cine... era un gran aficionado al cine. Hay en el libro algunos capítulos en los que se mezclan el español y el inglés, el recurso al inglés es un recurso estilístico muy importante en la obra de Cabrera Infante, sobre el que se ha escrito mucho; cuando siente que no le basta el español recure al inglés, utiliza mucho los retruécanos, los juegos de palabras, los palíndromos. Los palíndromos no se pueden traducir, con muy pocas excepciones, como el nombre Ana en rumano y Ana en español, pero ¿qué hacemos con un palíndromo de tipo «dábale arroz a la zorra el abad»? La única solución, a mi juicio, es inventar palíndromos en la lengua meta, en la lengua a la que traduces. Y me inventé un palíndromo de tipo apa-i apa / apa sapa (‘el agua es agua / el agua cava’); también me acorde de un palíndromo rumano de la infancia, iepuraşul uşa rupe (‘el conejito rompe la puerta’) algo «defectuoso»: en rumano, iepuraşul se escribe con ie y en el palíndromo está escrito solo con un e para que el enunciado resulte palíndromo. En fin, dificultades muy variadas a lo largo de todos estos casi 50 años desde que empecé a traducir.

CS: ¿Tiene usted algún consejo para los traductores, o algunos «tips and triks» como dicen los ingleses? Yo también recurro a veces al inglés, no lo hace solo Cabrera Infante...

DM: El consejo fundamental: el traductor debe ser un excelente conocedor de una, dos o tres lenguas, si traduce de varias lenguas; tiene que ser bi- o plurilingüe, pero sobre todo debe ser bi- o pluricultural, es decir, debe conocer la cultura de la lengua meta y debe conocer la cultura de la lengua fuente porque si no conoce estas dos culturas muy bien, entonces no hay manera... la traducción, lo sabes muy bien porque tú también traduces, no es nunca una traducción palabra por palabra, no basta con buscar el significado de las palabras que se encuentran en los diccionarios.

CS: El traductor debe ser el más fiel y elegante mensajero del autor...

DM: En mi opinión el traductor tiene dos papeles, es decir: en la comunicación existe un emisor, productor del texto y un receptor, interprete del texto. El traductor es las dos cosas a la vez. En la primera fase de su actividad es un receptor que interpreta el texto y tiene que llegar hasta la intención comunicativa del autor; y en la segunda fase es productor del texto y tiene que crear un texto que conserve todos los aspectos comunicativo-funcionales y estilístico-poéticos del texto. Es decir, todo esto tiene que conservarlo, pero además vertido en una lengua que sea aceptada por la comunidad destinataria. Es decir, en una lengua que no viole las normas lingüísticas. A veces, puede permitirse pequeñas desviaciones, que yo llamo manipulaciones. Pero unas manipulaciones que no afectan ni al contenido ni a la forma del texto original. ¿A qué me refiero?: por ejemplo, manipulaciones eliminatorias. Pongo un ejemplo que se me ocurre: «estaba tras las rejas de una verja de hierro». En rumano sonaría mal decir: în spatele barelor de fier ale unui grilaj. En rumano grilaj significa «barras de hierro» o «barrotes de hierro entrecruzados», es decir, “enrejado”, “verja” ¿Qué se debería hacer en tal caso? Si en rumano suena mejor decir «era în spatele unui grilaj de fier» elimino «las rejas», el rumano barelor del texto original, no altero el texto original. ¿Me entiendes? Luego hay manipulaciones aditivas. Si quieres evitar una nota al pie de página, reproduces la palabra en original y tras una coma añades una explicación breve. Por ejemplo perrero, hingherul. Se añade el correspondiente en la lengua meta. Y así por el estilo. Habría que hablar mucho de esto, daría para una conferencia entera, o dos, o tres.

CS: ¿Se ha sentido alguna vez como traductor traidor? Porque, ya sabe, hay un dicho italiano «traduttore, tradittore».

DM: No, nunca. No estoy de acuerdo con este dicho. Que sí, que he leído traducciones malísimas que son una traición trapera del original pero la traducción en sí no significa traición, todo lo contrario. La literatura, que conste que esta es mi idea, es universal y existe como tal gracias a la traducción, gracias al traductor, a los traductores. Sin traductores no hubiéramos podido leer ni a Homero ni el Ramayana o el Mahabharata ni a Shakespeare ni a Cervantes.

CS: Si no fuera por el traductor solo tendríamos literaturas nacionales. ¿Está trabajando ahora en una traducción? En caso de que así sea, ¿cuáles han sido los criterios que han guiado la elección de la obra?

DM: Pues mira, traduzco una novela, pero no es española, es brasileña, es de una grandísima escritora brasileña del siglo pasado, murió en 1976, Clarice Lispector, considerada una especie de Kafka de América, una especie de Joyce; es como una maga, una persona totalmente fuera de lo común que publicó en su breve vida unas 20 novelas, de las que traduje cuatro y ahora estoy trabajando en la quinta, las que me parecieron las más representativas; las primeras dos ya están a la venta en las librerías rumanas con el título Aproape de inima vijelioasa a lumii [‘Perto do coração salvagem’] y Patimile după G.H. [‘A paixão segundo G.H’]. El primer título es en realidad una cita de James Joyce del Retrato del autor adolescente. Las dos obras parecen haber creado un auténtico revuelo entre el público rumano de hoy en día. Las traducciones fueron objeto de muchísimas crónicas, se han publicado muchísimas reseñas, muy elogiosas. El mérito es de Clarice Lispector. Un poco también el mío, modestia aparte. (Se ríe).

CS: Estudió usted Filología Románica en la Universidad de Bucarest y ha tenido como profesores a Iorgu Iordan, básicamente el verdadero fundador de la hispanística rumana. Después ha publicado usted varios estudios o artículos y ha impartido conferencias sobre la historia de la hispanística rumana. ¿Cuál es, en su opinión el primer hispanista rumano en quien podemos encontrar las preocupaciones constantes y los rasgos definitorios y específicos de un auténtico hispanista?

DM: Yo creo, y creo que lo hemos comentado ya en otra ocasión, que el primer auténtico hispanista rumano, el primero que puede ser definido como tal, fue Alexandru Popescu Telega. El no solo creó la tradición de la enseñanza universitaria...

CS: Fue el primer profesor de Lengua Española en una universidad de Rumanía…

DM: Antes de él lo fue Evaristo Correa Calderón, pero no era rumano, era español. Te voy a citar algunas cosas sobre Popescu Telega que tú seguramente conoces mejor que yo, ya que estás trabajando en este tema. Popescu Telega, que fue alumno de Ovid Densusianu, quien a su vez era compañero de Ramiro Ortiz y de Nicolae Iorga4. Popescu Telega publicó en 1924 la monografía Cervantes; luego, tres años más tarde Asemănări şi analogie în folclorul român şi iberic [‘Semejanzas y analogías entre el folclore rumano y el ibérico’] y, en 1931, Cervantes şi Italia [‘Cervantes e Italia’] su tesis doctoral, un estudio que todavía consultan los que se dedican a Cervantes; y Două drame de Lope de Vega interesând istoria şi literatura românilor [Dos dramas de Lope de Vega con referencias a la historia de los rumanos], en 1936; más tarde aparecieron sus trabajos monográficos sobre Unamuno, Galdós, Jacinto Benavente, Maragall... 

Cervantes e Italia es un excelente estudio de literatura comparada. Con minucia y rigor científico, Popescu Telega analiza la influencia de Dante y de Petrarca en la obra de Cervantes, las reminiscencias de Orlando furioso en Don Quijote, las fuentes italianas en Persiles y Segismunda, la presencia de la filosofía renacentista en las Novelas ejemplares y en Galatea. Podríamos hablar muchísimo sobre Popescu Telega, pero estoy seguro de que un día lo hará Ud.

CS: Le he preguntado esto porque algunos críticos dicen que el primer hispanista fue Ştefan Vârgolici. No sé si puede considerarse a Vârgolici un auténtico hispanista. Sí, tradujo algunos fragmentos de El Quijote a partir del texto original y escribió algunos estudios sobre literatura española pero en mi opinión...

DM: Stefan Vârgolici no hizo más que un viaje de estudios a España, se quedó aquí unos años y envió una serie de artículos a la prensa rumana de entonces, pero no creo que podamos considerar a Vârgolici como un hispanista en sentido estricto, ya que publicó solo algunos estudios sobre Lope de Vega y Calderón de la Barca; en cuanto a la traducción, esta se publicó, por entregas, en la revista Convorbiri Literare y se limita solo a algunos capítulos. No creo que Vârgolici puede ser definido como el primer hispanista rumano. Quizás sí como un bandeirante, una persona que abrió el camino de la hispanística, pero no un estudioso con preocupaciones constantes, que haya dejado una obra importante desde el punto de vista científico en lo que es la hispanística rumana y europea. Que me perdonen los herederos de Vârgolici.

CS: Cambiando de tema, y para ir terminando, tengo que reconocer que he escuchado decir con frecuencia entre los aficionados a la lengua y la literatura españolas que la lengua española está presente hoy en día en la literatura o la cultura universal gracias a los hispanoamericanos. ¿Qué opina usted sobre esto?

DM: Que es una tontería monumental, para decirlo de una forma elegante.

CS: Es que no he escuchado decir esto en la calle, sino en una conferencia, entre académicos. Por eso me atrevo a preguntar qué opina al respecto.

DM: No me figuro que la gente de la calle piensa frecuentemente en esas cosas, sin ánimo de ofender a nadie; la gente piensa en cosas más pragmáticas. La lengua española existía ya como mínimo cuatro siglos antes de que apareciera la primera novela hispanoamericana...

CS: Tenemos que terminar aquí; el tiempo apremia. Se me quedan algunas preguntas importantes en el tintero, acerca de sus trabajos sobre lenguas en contacto, sobre los pidgins y especialmente sobre el español hablado por las comunidades rumanas en España, eso que algunos lingüistas empiezan a llamar «rumañol» y sobre el que ha publicado un trabajo... Espero que en un futuro no lejano podamos continuar esta apasionante conversación. Por el momento solo me queda agradecerle en mi nombre y en el del departamento su amabilidad y esta interesante charla.

DM: Yo también lo espero, Carmen, ha sido un placer, y os doy las gracias a Ud. y a todos los miembros del Área de Filología Románica de la Universidad de Granada.

1

 Universidad Stefan cel Mare de Suceava, Rumanía.

Contacto con la autora: carmensvduneac@yahoo.com

2

 Realizada el 15 de abril de 2015, en el Departamento de Filologías Románica, Italiana, Gallego-Portuguesa y Catalana de la Universidad de Granada.

3

 Ion Heliade Rădulescu (1802-1872), escritor, filólogo y político fue el primer presidente de la Academia Română. Considerado una figura clave en la formación de la cultura rumana y del rumano literario moderno, fue un prolífico traductor de literatura extranjera. Participó en la Revolución de 1948 [CS].

4

 Se trata de tres figuras destacadas de la cultura rumana del periodo interbélico. Ovid Aaron Denusianu (1873-1938), importante filólogo y polígrafo, romanista y poeta, fue profesor de la Universidad de Bucarest; Ramiro Ortiz (1879-1947) no era, pese a su nombre, español sino italiano, enseñó Literatura Italiana en Bucarest entre 1909 y 1932 y Filología Románica en Padua desde 1933 hasta su muerte. Nicolae Iorga (1871-1940), mucho más conocido que los otros dos fuera de Rumanía, es autor de una copiosísima y variada bibliografía. Además de profesor y escritor, desarrolló una importante actividad como político. Murió asesinado por un comando de la Guardia de Hierro (de orientación fascista) [CS].

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