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EGM.
marzo 2016 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 18, marzo 2016.

Un campo de batalla antes de la batalla

MUÑOZ AGUIRRE, Juan Manuel (2015). Un campo de batalla antes de la batalla, Madrid: Devenir. Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2015.
Juan Carlos Abril
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Juan Carlos Abril

 

Juan Manuel Muñoz Aguirre (Madrid, 1959) es sin duda uno de los poetas más interesantes de su generación, si bien su trayectoria lo ha situado siempre en los márgenes de la misma, por no decir directamente fuera. La poesía hace poco ruido y para muchos lectores de poesía ni siquiera cuenta como nombre, pero para los que le seguimos desde hace décadas nos alegramos enormemente de que haya conseguido el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2015, y por ende haya publicado Un campo de batalla antes de la batalla, su última entrega. Hay que decir que su producción no es ciertamente extensa, pero sí muy intensa, y que se compone de tres poemarios más: Omnia (1986), Adiós, dijo el duende (1991), y Hacia el viaje (2006). Estos tres volúmenes, hoy agotados, junto al que aquí reseñamos, merecen una edición compiladora que los ponga en el mercado y los vuelva accesibles a los lectores. Esperamos que suceda pronto.

Como en sus anteriores libros de poesía, Un campo de batalla antes de la batalla es un sólido poemario que extiende una particular sintaxis —la discursividad señalada, entre otros, recientemente por Carlos Alcorta— mezclada con una mirada lírica donde el extrañamiento y las asociaciones nos acercan un mundo de extraordinaria fuerza —poética y vital— en el que penetramos como a través de un espejo. Una vez al otro lado, nos arrastra. La discursividad nos situaría más bien cerca de pequeños poemas en prosa, historias aisladas como tales que se han convertido en bombas expansivas que van creando un ambiente denso y enrarecido no sólo como resultado de sucesivos injertos narrativos, en los que poco tiene que ver la razón, sino sobre todo por una hábil exposición de esos detalles que abren el cauce por el que circula la sensibilidad, y por el que la emoción se convierte en la corriente en la que se engasta el poema. «Qué hermoso lugar ocupa la herida, / la cortina que se abre / de buena mañana, el frío / de la naranja al separar los gajos.» (p. 25). Así comienza «Gossamer» (ibíd.), que en inglés quiere decir «telaraña». Los personajes podrían tener un análisis más detallado, pero sólo señalemos que su complejidad psicológica, en muchas ocasiones, llama poderosamente la atención. Estas historias están unidas por un estilo pulido en el que brilla el detalle y el gesto delicado, la atención y la deferencia, la observación rigurosa y alerta a todo lo significativo, con cierto culturalismo elegante en el que más que dejar estupefacto al lector, se le invita a la indagación textual. Como por ejemplo con la sugerencia, tantas veces —y tan bien— empleada, de «Ventanas bajas» (p. 12), cuando un personaje difuminado aguarda en el ángulo oscuro, mirando con delectación y avidez un cuerpo bello con el que se ha vivido una relación amorosa, pasional, a pesar de que «la belleza es inútil» (ibíd.). Lo dice una voz que ama y venera la belleza, no sólo física, sino también ambiental, fundando esa densidad apuntada antes que se corta como con un cuchillo en el aire: «La habitación, / en un extremo de la casa, / con la cama deshecha / y la ropa tirada por el suelo / de cualquier modo, / podría ser la misma.» (ibíd.). Las atmósferas en Un campo de batalla antes de la batalla poseen una intensidad poco común en la poesía española contemporánea, fruto de una condensación en la que se van superponiendo ideas y conceptos, sensaciones y, sobre todo, impresiones, de manera desordenada y caótica, pero convenientemente estructurados en la estructura —fondo y forma— poemática, dotando a esas impresiones de un vigor inusitado, por su espontaneidad, como si de la realidad brotaran esos retazos líricos que nos invaden, pues ¿qué es la poesía si no un fugaz destello en medio de la cotidianidad más aplastante, una luz que nos saca por momentos de lo que nos aburre, y nos recuerda que hay algo más, un misterio por descubrir, como un déjà vu? Se trata, sin duda, de una poesía que escarba en el concepto del rizoma deleuziano.

Un campo de batalla antes de la batalla es un recreación ambiental de escenarios intensos en los que la emoción se palpa. No de escenas emocionantes sino de poesía canalizada en emoción... Secuencias recortadas, perfiles, sesgos. «Tricheuse» (p. 30), que en francés quiere decir «mentirosa», lo explica bien a partir de una relación misteriosa —se entiende que amorosa— donde la dialéctica Eros/Tánatos marca ese espacio agonal de dos que se aman hasta la muerte, que buscan en el otro a sí mismos, y que agotan todas las posibilidades. De esa tensión dramática surge el título del libro, y esa escena apenas esbozada, simplemente nominada, marca la dirección de esas atmósferas apuntadas: un campo de batalla es un lugar donde van a suceder muchas cosas, muchas cosas horrorosas, pero es justo antes, en ese momento de calma pero también de preparación para la muerte, cuando el autor nos presenta la escena, donde exactamente nos sitúa. Ahí los amantes saben que van a morir, va a suceder «la pequeña muerte», como en francés se nombra al orgasmo, Georges Bataille dixit. De este modo, además, el poeta nos enmarca en un eje de coordenadas bien preciso, en el espacio y en el tiempo donde vamos a morir.

Dividido en tres secciones, «Las hogueras», «Las estaciones», y «Un viaje de invierno», «Las estaciones» se presenta como una suerte de bisagra de las otras dos, con tan sólo cuatro composiciones que hablan —como no podía ser de otra manera— de amor, de una relación tormentosa en la que hay un diálogo inacabado, que quizá continúe con esa otra sección, «Un viaje de invierno», homenaje a la obra homónima de Wilhelm Müller. Es en este sentido un libro muy bien armado, en el que se denota una sabia elaboración compositiva. Y podríamos hacer un cotejo de poemas importantes —por diferentes razones— como «Malas deudas» (pp. 26-27), u «Hotel» (pp. 52-53). Realmente recomendable este libro impresionante, que no va a pasar de moda y que viene a explicar en la poesía española contemporánea que se puede hacer una poesía independiente, y con una propuesta firme.

Por eso Un campo de batalla antes de la batalla ofrece mucho más, un gran libro de un gran autor que los lectores de poesía en España esperábamos ansiosamente, y que hoy celebramos con gran alegría. Los amantes de la poesía estamos de enhorabuena porque Juan Manuel Muñoz Aguirre nos ha regalado otra entrega de su quehacer poético.

 

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