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EGM.
marzo 2017 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 20, marzo 2017.

Santiago, Nilton (2015). Las musas se han ido de copas. Madrid: Visor. XV Premio Casa de América de Poesía Americana.

Kalin Nikolov Koev
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Kalin Nikolov Koev

 

Qué maravilloso es descubrir (en una tarde gris de invierno) que tienes un amigo desconocido cuyo libro estás leyendo y, en la medida que te adentras en sus páginas, empiezas a darte cuenta de que es un amigo de verdad, tan real que te invita a salir con sus musas de copas esta misma noche. 

Nada más abrir el libro me encuentro con un «caballo que acaba de aprender a bucear» y candorosamente recuerdo una cancioncita de mi infancia que dice así: «En el mar flotan las ideas / Y remuelen verduritas. / Dos albóndigas con alas / Recitan poesías, / Un esqueleto zarandea sus huesos / Y escucha como resuenan».

Y me pregunto cómo Nilton Santiago sabe esta canción ya que se la cantan a los niños en Bulgaria y él no sabe búlgaro. Ahí radica el misterio de las ideas que flotan sin fronteras y sin un lenguaje concreto, que afloran en Lima o en cualquier otra parte del mundo, quizá lo sabría explicar científicamente Noam Chomsky, pero en todo caso las ideas de Nilton Santiago son una buena prueba de que el misterio existe. 

Nilton Santiago nos cuenta sus historias de adultos como si fuesen las travesuras de un adolescente. Tal vez sus historias se le ocurren después de un despertar, algo confuso, cuando no recuerda a ciencia cierta si la chica de anoche le quiso besar o le quiso dejar, el hecho es que la chica no está y le duele la cabeza. Luego pone la radio y escucha las noticias y resulta que hoy, precisamente hoy, y sin que sirva de precedente, han bombardeado a varios inmigrantes ilegales con flores y han construido un gran muro de amor para separarlos de Trump. Vaya rollo que os estoy soltando, aun sabiendo que en la Franja de Gaza sus versos nadie los va a leer porque ahí tienen otras cosas que hacer.

Y bueno ¿es Nilton Santiago un poeta (me refiero a Nilton no a Milton, que no cunda la confusión)? Seguramente sí, pues recibe premios de poesía y además suena muchísimo mejor decir de uno que es un poeta en lugar de un narrador de historias. Pero como dice Ricardo Reis, no veo la diferencia fundamental entre la prosa y la poesía. Cada palabra contiene una idea y una emoción. Por eso no hay prosa que no contenga un hilo de emotividad. Por eso no hay exclamación (ni la más abstractamente emotiva) que no implique al menos el esbozo de una idea. Entonces ¿es prosa o poesía cuando «los grillos que, aunque afónicos, musicalizan la soledad de los sin techo»?, ¿es prosa o poesía cuando un francotirador le dispara a un niño palestino una rosa de azúcar? ¿Es prosaico o poético este realismo surrealista? No lo sé y qué más da, si el poeta-prosaico nos hace ver que lo normal es bello y que lo más primordial es fugaz.

Sabemos que las musas se quedaban algunas noches en casa de Visocky, frecuentaban a mendo a Neruda y no abandonaban jamás de Pessoa, pero en el caso de Nilton Santiago cuando las quiso llamar estas se habían ido de copas. Fue a buscarlas y solo encontró en el ascensor uno de sus bolsos lleno de palabras. Nervioso volvió a casa, vacío el bolso sobre la mesa de la cocina, tembloroso examinó todas las palabras, pero no encontró ni una que le pudiera consolar después de tal desprecio, recogió todo lo que había sobre la mesa (incluidos las cascaras de nueces y las naranjas podridas) lo metió en un sobre y lo mandó a una redacción formulando una queja de abandono y en el renglón del «Asunto» escribió: Las musas se han ido de copas. Cuál fue su sorpresa cuando se enteró de que la queja fue recompensada con el XV Premio Casa de América de Poesía Americana.

Quise escribir algo serio sobre los textos de Nilton Santiago, pero él no merece ese castigo.

Uno puede hacer caso o no hacer caso a lo que Nilton Santiago le susurra, pero decididamente el chico se equivoca cuando dice que la poesía es un misterio estropeado —en sus versos está la refutación. Puedo decir de él lo mismo que Álvaro Campos (buen amigo de Nilton Santiago, por cierto) dijo a propósito de otro poeta: «Él es un gran poeta, si es que hay grandes poetas fuera del silencio de sus corazones». Y para muestra, un botón:

POEMA SOBRE EL SINDICALISMO Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS (QUE TERMINA COMO UN ENSAYO DE GRAMÁTICA SOBRE NUESTRAS MAÑANAS) 

Acabo de leer en la prensa

que los robots japoneses pagan cuotas sindicales de inscripción 

y lo peor de todo es que están al día. 

Ah el sindicalismo, lo ejercen hasta las flores 

y la clase obrera de las abejas en tu sonrisa

que se juegan el tipo por un poco de miel,

vaya que si hasta las abejas saben que hablar de ti 

o del amanecer entre tus pecas revueltas

es un deporte de alto riesgo, no solo para ellas

sino incluso para poetas y filólogos: 

los primeros se pasan las tardes de otoño 

juntando signos de interrogación 

para luego arrojarlos por su ventana como comida para aves,

los segundos, en cambio —que pasan de la poesía— 

no dudan en acercarse a un poeta para susurrarle al oído 

que los signos de interrogación (?) 

son en realidad signos de admiración (!) con vocación de perchas.

Así de jodido es el amanecer lejos de tus pecas.

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