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EGM.
marzo 2017 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 20, marzo 2017.

Josefa Tolrà y el dibujo mediúmnico

Josefa F. Mora Sánchez
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Josefa F. Mora Sánchez1 

 

Resumen. A lo largo de la Historia del Arte se han marginado algunas corrientes estéticas, pero también a artistas a título individual, ya sea de manera deliberada o inconsciente. La singularidad de algunos planteamientos artísticos suponen más un conflicto que una respuesta a lo caótico de la percepción de la realidad. Las creadoras en particular han sido, por regla general, olvidadas. Josefa Tolrà (1880-1959), una mujer rural sin apenas formación previa, dibujaba en grandes formatos, ilustraba y escribía poemas, rellenaba una tras otra libretas de pequeño tamaño que contenían diseños, mensajes y dedicatorias, e incluso nos dejó una novela. Bordaba maravillosos mantos que eran la prolongación de su obra, elaborados imitando el trazo con el que dibujaba. Compatibilizaba el desarrollo de su creatividad con la atención a sus vecinos como sanadora y vidente.

Palabras clave: Historia del Arte, teosofía, dibujo, Josefa Tolrà, médium 

Abstract. Throughout the History of Art some aesthetic currents have been sidelined, but also individual artists, either deliberately or unconsciously. The singularity of some artistic approaches are more a conflict than a response to the chaotic perception of reality. The women creators in particular have been, as a rule, forgotten. Josefa Tolrà (1880-1959), a rural woman without previous training, drew large-formatted, illustrated and wrote poems, filled up small format notebooks containing designs, messages and dedications, one after another, and even left us a novel. He embroidered wonderful robes that were the extension of his work, elaborated imitating the stroke with which he drew. Compatibilized the development of her creativity with attention to her neighbors as a healer and seer.

Keywords: History of Art, Theosophy, Drawing, Josefa Tolrà, medium

 

Introducción 

Entre los años cuarenta y setenta del siglo XX tuvieron lugar el auge y la decadencia del Modernismo. Las Vanguardias y sus utopías fueron atacadas por la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y todas las circunstancias que envolvieron este oscuro periodo. 

En España, la guerra civil y la posterior dictadura arrasaron cualquier atisbo de modernidad o de desarrollo cultural, dejando al país en la más absoluta miseria intelectual, cuya esterilidad estamos aún sufriendo. Si había llegado alguna influencia europea, aquellos cuarenta años de dictadura acabaron con ella. Como recoge Borja-Villel: 

El periodo que va desde los años cuarenta hasta mediados de los sesenta es testimonio del triunfo y fracaso del modernismo, por utilizar la acepción anglosajona del término. Tras el tremendo revés que supusieron para las ambiciones utópicas de las vanguardias, el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial, de la cual la Guerra Civil española no había sido sino un ensayo general. [...] En España, este momento histórico recorre todo el franquismo, desde la desolación de los años cuarenta hasta el comienzo de la transición con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado en 1967, principio del fin de un régimen que intentaba perpetuarse a sí mismo2.

Al hilo de esta coyuntura, la existencia de una artista prolífica y al margen de cualquier convencionalismo sería algo tan insólito como milagroso. 

Josefa Tolrà, nacida en el pueblo de Cabrils el 8 de enero de 1880, vivió hasta su muerte, que tuvo lugar en 1959, en el mismo lugar. Con una formación muy limitada y siendo de origen humilde, desarrolló una obra artística contundente. Hay quien afirma que su comienzo tardío en el dibujo (a partir de 1942) se debió a que el arte le servía como antídoto contra la tristeza por la pérdida de dos de sus hijos. 

Tolrà no sólo dibujaba en grandes formatos, también ilustraba y escribía poemas en pequeñas libretas, e incluso redactó una novela. Además bordaba extraordinarios mantos que eran la prolongación de su obra, elaborados imitando el trazo con el que dibujaba. Compatibilizaba el desarrollo de su creatividad con la atención a sus vecinos como sanadora y vidente. En su mundo privado como artista, «los seres de luz» la guiaban mientras trabajaba y así hacía de médium entre dos mundos. Derrochaba humildad, ya que no cobraba por las consultas como clarividente y regalaba sus obras. No pudo sin embargo ocultar su talento, admirado por algunas personalidades como Joan Brossa, Antoni Tàpies o miembros de la Asociación Cultural Club 49. Muchos de sus trabajos se han perdido, otros se conservan en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, en el Can Palauet de Mataró, en el Instituto de Estudios Ilerdenses, en el MACBA o en el Museu Nacional d´Art de Catalunya. 

Si Josefa Tolrà no hubiese tenido una gran fuerza creativa como artista, como visionaria y como curandera, un potencial que impusiese realmente respeto (su «fuerza fluídica», como la llamaba ella), sería impensable que a una mujer con sus cualidades, en la decrépita España rural de la época, se le hubiese permitido desarrollar con cierta libertad sus talentos, tan únicos como extraordinarios. 

Volviendo a España y al contexto histórico de Josefa Tolrà, debemos hacer un pequeño resumen de lo que acontecía a nivel político: la censura era atroz y, aunque la lucha clandestina no cesó en ningún momento y estuvo acompañada de las huelgas de los mineros asturianos y otros hechos, no fue hasta la muerte de Franco cuando empezó a hablarse de democracia. 

En palabras de Pilar Bonet, profesora de la Universidad de Barcelona y comisaria de la exposición monográfica más grande organizada sobre la obra de esta creativa y clarividente, el legado de Josefa Tolrà era desconocido hasta hace unos cuatro años, cuando se inaugura dicha muestra que tuvo lugar de diciembre de 2013 a marzo de 2014. Podemos así afirmar que Tolrà es hoy un talento emergente en los campos de la historiografía y del mercado del arte. El Museo Nacional Reina Sofía de Madrid guarda en sus almacenes un total de veintiocho obras en papel aunque, lamentablemente, no posee ninguno de los cuadernos. Existen entre treinta y cuarenta libretas en las que, además de transcripciones en castellano y catalán, hay apuntes y declaraciones de intenciones que hacen referencia directa a su minucioso trabajo como dibujante. 

No podemos obviar que Tolrà no disfrutó de formación artística, no se enmarcó dentro de ningún círculo de artistas o intelectuales, estuvo al margen de las corrientes artísticas del momento o que realizaba transcripciones y trabajaba en sus composiciones sin boceto previo. Vivía su vida artística lejos de la crítica, en un aislamiento voluntario.