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EGM.
marzo 2014 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 14, marzo de 2014.

Franciscu Sedda, Imperfette traduzioni. Semiopolitica delle culture, Roma, Edizioni Nuova Cultura, 2012.

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Mirko Lampis [*]

Para poder describir (y descubrir) los objetivos, el modus operandi y las posibilidades de una teoría científica, de un paradigma interpretativo, de una estrategia explicativa, hace falta, seguramente, además de muchas otras cosas, una buena dosis de amor; como el amor que Franciscu Sedda demuestra por la semiótica en su libro Imperfette traduzioni; una pasión auténtica, y hasta visceral y contagiosa, sin la cual, admitámoslo sin tapujos, los libros de semiótica, especialmente los libros de semiótica, éste del profesor Sedda como cualquier otro, resultarían sobremanera defectuosos.

El profesor Sedda es un especialista en semiótica de la cultura, teoría que encuentra sus fundamentos y su sustento, sus raíces y su savia, en la obra del ruso Iuri M. Lotman. Una teoría semiótica que todavía, a más de veinte años de la muerte de Lotman, sigue produciendo preguntas de gran relevancia en el ámbito de las problemáticas relativas al conocimiento humano. Como escribe el propio Sedda en la introducción del libro,

parece ser que la semiótica de la cultura, gracias a su fuerza inclusiva y traductiva, o quizá por moda o porque empujada por algún espíritu del tiempo, ha vuelto al centro del campo semiótico y ha vuelto a desempeñar aquel papel de puente no sólo dentro de la disciplina, sino también hacia el exterior. Sin embargo, este trabajo de reacercamiento al límite superior del campo semiótico, aquel donde la semiótica se vuelve epistemología y metodología de las ciencias humanas, dista de ser completo, y la recuperación y reelaboración de conceptos y modelos que llevaremos a cabo en este libro pretende ser una ulterior contribución en el camino que lleva en esta dirección (p. 22).

El libro del profesor Sedda recoge y coordina, de hecho, ensayos, comunicaciones y artículos ya publicados con anterioridad, aunque, como señala el autor, ampliamente reelaborados y actualizados a fin de ofrecer un recorrido de lectura «lo más homogéneo posible» (p.28). Esta génesis plúrima, estratificada, conlleva una gran variedad de temas y reflexiones, a los que subyace, sin embargo, una visión sustancialmente unitaria de los procesos semiósicos y de las prácticas de análisis semiótico.

¿La semiótica sirve a la vida? Así, con esta pregunta, se abre el primer capítulo del libro, el más denso e interesante desde el punto de vista de la teoría semiótica, capítulo titulado, así como la obra a la que inspira y que lo incluye, Imperfette traduzioni (contamos con una traducción al español de la primera versión de este texto, traducción sin duda imperfecta que yo mismo realicé y que fue publicada en Entretextos. Revista semestral de estudios semióticos de la cultura). ¿La semiótica sirve a la vida? Sí. Sin duda. En primer lugar, porque esta disciplina, necesariamente relacional, necesariamente invasiva, necesariamente traductiva (traductora y traducida), «se injerta en un más amplio movimiento histórico y científico de explicitación de los mecanismos que rigen nuestro vivir cotidiano, nuestro vivir común y en común» (p. 37). En segundo lugar, porque este proceso de interrogación acerca de nuestro propio conocimiento «nos permite volver sobre las formas del contenido y de la expresión que estructuran nuestra vida y que modelan, pues, nuestra propia subjetividad» (ib.). Finalmente, porque la propia actividad semiótica es (como ya señaló Eco en 1975 al finalizar su Tratado de semiótica general) praxis sobre lo social, actividad que interviene en lo socialmente significante y, por lo tanto, actividad política (p. 38). Hecho, esto último, que por un lado justifica y que por otro, sin embargo, vuelve sustancialmente tautológico el subtítulo del libro del que nos ocupamos: semiopolitica delle culture. ¿No se ocupa, al fin y al cabo, toda actividad política del significado, de las estrategias comunicativas y aun de la gestión de lo atractivo y lo repulsivo de la vida en interacción con los demás (y con la alteridad)?

A partir de esta concepción «semiopolíticamente» (o «polisemióticamente») unitaria de los procesos por los que se crean, definen, aprenden, comparten, transforman y cuestionan los significados pertinentes a lo social (procesos traductivos, como diría Sedda, donde la noción de «traducción» remite, de manera a mi modo de ver impropia pero sí conforme a una sólida tradición analítica, a la «elección/individuación y reorganización/recreación de un texto o de sus partes a través de determinados lenguajes interpretantes»), son innumerables las cuestiones y temas tratados en Imperfette traduzioni: lo «glocal» y la «glocalización» (o sea el juego entre las partes o fragmentos planetarios y las totalidades o conjuntos planetarios), las actividades semióticas y narrativas de la cotidianidad, la creación de mundos identitarios, la ciudad como espacio de convivencia y de consumo, el papel modelizador de los «media», la dimensión dinámica e histórica de los símbolos y discursos de (que crean) unidad política. Temas complejos, tratados escrupulosamente, que abren al lector diferentes y variados horizontes teóricos y explicativos. Temas que invitan al diálogo y que arrancan del diálogo (siguiendo la máxima lotmaniana bajo cuyos auspicios, y no ciertamente de forma casual, se abre el libro: el diálogo precede al lenguaje y lo genera): el diálogo «intradisciplinario» entre semiótica de la cultura (Iuri Lotman) y semiótica estructural (Greimas y el nuevo estructuralismo italiano inspirado por Paolo Fabbri y Gianfranco Marrone); el diálogo «interdisciplinario» entre semiótica y antropología, historiografía, paleoantropología, filosofía, sociología, cultural studies, mediología; el diálogo «extradisciplinario» entre reflexión científica y actividad política.

No es esta reseña, desafortunadamente, el lugar adecuado para describir y menos aún analizar los estimulantes pormenores de las investigaciones (o traducciones imperfectas) del profesor Sedda. Lo que sí quiero destacar es la exigencia de acercarse a los procesos y textos investigados a través de lo que el propio Sedda llama mirada estereoscópica (o «mirada bizca», como también escribió en otros trabajos) a fin de poder seguir el constante movimiento (alternativamente analítico y catalítico, en términos hjelmslevianos) que une e integra, interrelaciona e interdefine las partes y el todo, lo local y lo global, este y aquel lenguaje.

Esta misma exigencia, que ya queda reflejada en uno de los pensamientos de Pascal («tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como también conocer el todo sin conocer singularmente las partes»), es al fin y al cabo lo que justifica esa forma de conocimiento (esa epistemología) que Edgar Morin ha definido como «pensamiento complejo» y que también se conoce, hoy en día, como «pensamiento sistémico» o «relacional»: una forma de conocimiento integrado e integrante que intenta superar los límites de los paradigmas científicos «clásicos» de tipo disyuntivo y simplificante. La misma exigencia, mutatis mutandis, que en los años setenta empujó Iuri Lotman a la definición de un nuevo campo de estudios semióticos, la semiótica de la cultura, precisamente disciplina que se ocupa de la dimensión heterogénea, dinámica, autoorganizada y relacional de todos los fenómenos semiósicos.

No se trata de jugar en dos bandos distintos, el de la ciencia analítica, por un lado, y el de la reflexión sintética, por otro, sino de seguir de manera consecuente el camino marcado por las prácticas científicas y filosóficas de nuestro tiempo: lo observado/descrito/interpretado depende (se determina a partir) de un contexto y de unos hábitos de observación (lo observado es co-textual y, por ende, intertextual) al mismo tiempo que el contexto se integra y especifica a partir de nuestras prácticas de observación/descripción/interpretación, prácticas necesariamente sociales (las aprendemos, las conversamos, las enseñamos), indefectiblemente históricas (nos llegan, persisten, cambian, siguen), en una palabra: culturales.

Imperfette traduzioni constituye un ejemplo especialmente logrado (y es obvio, no exento de ambigüedades) del equilibrio y la experiencia requeridos para moverse con sentido entre las necesidades analíticas y las exigencias sistémicas de la semiótica contemporánea. Sin duda, un modelo a seguir.

[*] Universidad Constantino el Filósofo de Nitra (Eslovaquia)

Contacto con el autor: mlampis@ukf.sk

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