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marzo 2015 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 16, marzo 2015.

Caballero Bonald: de la marca al soliloquio

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Enrique Nogueras Valdivieso [*]

 

Encomendada al poeta y profesor Juan Carlos Abril, que ya había dedicado al autor jerezano otros trabajos, entre otros su tesis doctoral y la antología Estrategia del débil (Granada, Excmo. Ayuntamiento, 2010), Marcas y soliloquios es la última antología general de la poesía de José Manuel Caballero Bonald que ha llegado a las librerías. Si Estrategia del débil fue la primera, de entre las muchas dedicadas a este poeta, que tuvo en cuenta el entonces recién aparecido La noche no tiene paredes, ésta es ahora también la única que deja constancia de su último libro: Entreguerras o de la naturaleza de las cosas (Barcelona, Seix Barral, 2012).

Iniciada en 1952 con Las alucinaciones, la obra de José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) se ha prolongado por más seis décadas con una parsimonia, rigor y coherencia incontestables, atrayendo, ya desde sus orígenes, la atención de críticos y lectores. Caballero Bonald ha cultivado otros géneros con notable acierto como es bien sabido pero, como no lo es menos, es la poesía el que más contundente y continuadamente lo define, a pesar de los largos paréntesis de tiempo, a veces sobrepasan una década, que median entre algunos de sus libros de poemas. Una obra de estas dimensiones permite un trabajo antológico eficiente, pero no por ello menos arriesgado y difícil, porque el alto grado de elaboración y la rigurosa depuración y (presumiblemente) selección ya llevados a cabo por el autor implican un añadido de complejidad no tanto a la hora de escoger como a la de descartar los poemas que inevitablemente han de serlo, sin que por necesidad hayan de servir de guía las propias antologías elaboradas por el poeta como, por ejemplo, la titulada Doble vida aparecida en 1989, a través de las cuales tantos lectores se han acercado su obra.

A mi juicio, Abril ha conseguido una selección equilibrada, en la que están representados todos los libros del jerezano y en una proporción ajustada, en líneas generales, a la extensión muy variable de aquellos. Independientemente del gusto personal, una antología de más de doscientas páginas sobre unas poesías completas de moderada dimensión, permite trazar una imagen fiel del viaje poético que ha realizado el jerezano y ofrecer sobre todo el placer de la lectura de un conjunto de poemas memorables. Como corresponde a un conocimiento profundo y gusto consolidado de la obra de Caballero Bonald, no hay grandes diferencias entre esta antología y la anterior y ya citada Estrategias del débil, de cuyo perfeccionamiento, o mejor depuración, podríamos decir que ha resultado ésta: la necesidad de ajustarse a un centenar de páginas menos ha obligado al autor a extremar al máximo la selección, suprimiendo algunos de los poemas incluidos en la aquella de manera que, con excepción del apartado correspondiente al entonces inexistente Entreguerras o de la naturaleza de las cosas, figura aquí solamente un poema («Soliloquio», de Diario de Argónida) que no estuviese ya incluido en la previa.

Entre 1952 y 2012, José Manuel Caballero Bonald ha publicado once títulos de los que uno de ellos, Anteo (1956), es en realidad una plaquette. No es una obra demasiado extensa, porque los libros han ido surgiendo de forma irregular ya como fruto de una lentísima maduración o acaso de sucesivas erupciones y en función también de la continuada dedicación preferente de su autor a los distintos géneros literarios que ha practicado, especialmente la novela o la memorialística. El conjunto de la obra poética de Caballero Bonald dibuja así una evolución en la que no faltan rupturas, la más destacable de las cuales sea acaso la que se da entre Pliegos de Cordel (1963) y Descrédito del héroe (1977) separados por catorce años de silencio lírico, pero que adquiere sin embargo una más que notable cohesión en la medida en que esta obra ha progresado, además de en etapas o libros diferentes, también como conjunto unitario, por así decirlo; y esto no solo debido a que las nuevas colecciones han iluminado específica y retrospectivamente las antiguas, sino también porque estas, que a su vez condicionan (o mejor presionan sobre) la lectura de las nuevas, han sido sometidas a cuidadosos procesos de revisión que han comportado no pocas modificaciones, de suerte que podríamos decir que han sido actualizadas, en cada una de sus reediciones, cuando las habido, en las sucesivas compilaciones de obras completas aparecidas en 1969 (Vivir para contarlo), 1979 (Poesía, 1951-1977) y por último Somos el tiempo que nos queda. Obra poética completa de 2007 (Barcelona, Seix Barral) y 2011 (Madrid, Austral) y en antologías preparadas por el propio autor como la titulada Selección natural, aparecida en 1983 o la ya mencionada Doble vida. La riqueza intertextual de la poesía de Caballero Bonald ha sido repetidamente señalada, pero nunca estará de más insistir en que buena parte de esta riqueza es «interior», es decir, está referida a su propia obra. Por ejemplo, el título que escoge para sus últimas poesías completas es también el título de un poema de su segunda colección, Memorias de poco tiempo, aparecida en 1954.

Desde muy temprano los poemas de Caballero Bonald atrajeron la atención de la crítica de manera que contamos con una abundante bibliografía referida a su obra lírica. Buen conocedor de esta bibliografía, como por otra parte no podía ser menos en quien ha dedicado una tesis doctoral a su objeto, Juan Carlos Abril incorpora a su comentario preliminar los principales hitos de aquella, y así, aunque no añade una bibliografía propiamente dicha al final, las referencias que cierran el estudio incluyen los trabajos fundamentales sobre la escritura poética de José Manuel Caballero Bonald, desde Aura de Albornoz, quien ya en 1970 le consagra un lúcido ensayo en la Revista de Occidente, a Jenaro Talens, María Payeras Grau, Tino Villanueva o Luis García Montero y José Carlos Rosales. Esta introducción, de poco más de 20 densas páginas, es a mi juicio uno de los mayores logros del libro y sí marca un notable distanciamiento de la que, no mucho más extensa, inauguraba Estrategias del débil. A pesar de su —quizás— menor aliento hermenéutico, supera con creces a aquella en rigor, concisión y amenidad, y condensa poderosamente los largos años de estudios de dedicados por su autor a José Manuel Caballero Bonald, cuya obra caracteriza, interpreta y valora con acierto y decisión, agrupándola en cuatro ciclos (ciclo de Las adivinaciones, del laberinto, existencial y de Argónida), de los que señala la especificidad pero también las continuidades, y los rasgos comunes que los encuadran, el conflicto siempre vivo «emergiendo por distintas vías» (p. 13), el compromiso ético y cívico, el barroquismo y la preocupación por el lenguaje, etc.: «De un modo u otro, el autor vuelve sobre sus propios temas para explorarlos de nuevo desde la lucidez de quien lo tiene todo dicho» (p. 32). Concluyamos con el antólogo: “La escritura de Caballero Bonald está viva en nosotros. Los lectores agradecemos su ejemplo de exigencia, constancia y rigor expresivo”. Criterios que también se pueden aplicar al responsable de este trabajo: en conjunto, una selección excelente de poemas espléndidos que, a buen seguro, despertará en casi todos los lectores el deseo de leer, o de releer, los que en ella no han podido ser incluidos y contribuirá, como quiere el propio Juan Carlos Abril en la contracubierta del libro «al propósito de difundir la poesía de Caballero Bonald difundiendo sus textos más representativos, emblemáticos o célebres…».

[*] Universidad de GranadaContacto con el autor: enoval@ugr.es

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