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EGM.
marzo 2010 /
Publicación semestral. ISSN: 1988-3927. Número 6, marzo de 2010.

Abril, Juan Carlos (Ed.). Deshabitados. Granada, El Maillot Amarillo, 2008.

Juan José Ramírez
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Las cosas ya no son lo que parecen, o lo que dicen de ellas. Ya no vivimos en los noventa, para lo bueno y para lo malo. Tenemos el regusto de una promesa que sale falsa. Tenemos el escenario de un bar sentimental, luciente y con ginebra: si lo rascamos, se desconcha. Tenemos el naufragio de un taxista. (Segunda, sexta y décima; bala el endecasílabo. Farolas melancólicas, sofoco costumbrista).

O ser ingenuo, o ser más raro. Creer la adulación, o contestarla. Uno se mira al espejo, se ve a sí mismo de espaldas. Se vive menos. De los vacíos, se hacen lugares. Ya se duerme debajo de la cama, con los terrores. O se desduerme.

Ello de allá, lo que espeluzna, dice ser yo. Dicen ser ellos.

Abraham Gragera, Alberto Santamaría, Ana Gorría, Andrés Navarro, Antonio Lucas, Carlos Pardo, Elena Medel, Fruela Fernández, Guillermo López Gallego, Josep M. Rodríguez, Juan Andrés García Román, Juan Antonio Bernier, Juan Carlos Abril, Julieta Valero, Marcos Canteli, Mariano Peyrou, Miriam Reyes, Rafael Espejo, Yolanda Castaño.

Pero son ganas de creerlos.

Deshabitados (edita Juan Carlos Abril) es una antología poco al uso. No da a conocer nuevas remesas de conejillos agazapados bajo la égida del que antologa. Si estás en el ajo de la poesía, ya los conoces a todos o a muchos. Algunos son cabeza de cartel. Otros son buenos novilleros. Raro el que no es de prestar.

Abril firma un prólogo donde recuerda los rasgos más generales de la poesía de la experiencia, el referente inmediato del que –o contra el que– los compilados parten. Pasa enseguida a trazar un retrato de grupo de los autores convocados. Por resumirlo con brevedad, los rasgos que Abril encuentra en los diecinueve serían: la pérdida de fuelle del personaje literario; el yo mantenido como ficción juguetona, en crisis por tanto, diseminada o desaparecida; una narración figurativa recortada, con importancia de las descripciones, recursos como la elipsis, la metonimia, la depuración del lenguaje, el borrado de las huellas intertextuales, la eliminación de la claridad de la anécdota, la ironía, la imaginería.

Serían los métodos propios de esta última generación aquí propuesta (página 15), que construiría un signo problemático.

Y que se expresa a sí misma en el mayor rasgo diferencial de esta antología. Porque el acento está puesto quizá más en la teoría poética que en la práctica. Porque la recopilación común suele ofertarnos una página en que el autor esboza su autobiografía, declara sus preferencias literarias, ensaya algún aforismo precocinado sobre qué cosa sea cosa poética y pasa seguidamente a enristrar cuatro o cinco poemas que nos decidan a interesarnos por su incipiente obra. Pero en el caso que nos ocupa, los poemas que aportan nuestros autores son conocidos de otros trabajos o son escasos.

Es más una antología de poéticas que de poemas. Éstos son la ilustración de aquéllas. Es la mayor virtud del volumen.

Deshabitados supone una estupenda compilación de las poéticas personales, vivas, discutidas, intentadas, no cumplidas, fragmentadas o sistemáticas de nuestro grupo de diecinueve. No acertarás si pretendes regalarla a quien no conozca siquiera un poco de los nombres que han sonado estos últimos años. Pero si es friki, el aporte de reflexión teórica con que encabeza cada autor su muestrario –alguno raquítico– permitirá que ahonde en la lectura de lo ya conocido, cambie la de aquel verso extravagante en pertinente o que asiente el material de su sospecha.

Aquí la renovación poética se piensa a sí misma, desde sí misma y con respeto a su diversidad, sin estridencias ni malas sangres, argumentando y de frente. Los que estén más lejos entenderán mejor. Los que estén más cerca tendrán un raro espejo. Quien bascule entre un lado y otro, o quien se mueva aparte, gana con esto un mapa hipotético.

Como en todo, la variedad es oxígeno y a la vez es hallazgos y decepciones. Algunas de las poéticas no están muy logradas: pero el poeta es poeta y no teórico. Otras son de verdadero mérito. Por placer u obsesión, necesito alabar las de Santamaría, Pardo, Fruela Fernández, García Román, Marcos Canteli y Mariano Peyrou: todas ellas pensamientos necesarios sobre el hecho poético, la manera de componer, la función de la poesía y su lugar social.

¿Los puntos débiles? Son tres. El principal: falta algún nombre. Alguno que está no aporta mucho, y alguna ausencia se echa de menos.

El mediano: antologar… y antologarse…

El menor: este trabajo es bueno y se merece mayor difusión, la que pudiera darle una editorial de mayor tirada, aunque fuera por negocio. Es de alabar que la Diputación de Granada, y la UGR ayudando en algo, presten atención a los poetas vivos, pero el éxito de este libro puede depender mucho, sin merecerlo, del boca a boca.

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