MENU
EGM.
marzo 2009 /
Publicación semestral. ISSN: 1988-3927. Número 4, marzo de 2009.

Respirar bajo el agua de Pablo Valdivia o ¿qué es la poesía?

Rui Gonçalves Miranda
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

 

Al leer Respirar bajo el agua (2008) sentí que me hallaba ante una escritura lúcida y sincera, impulso de la visión poética de este libro. Utilizo precisamente la palabra ‘sentí’ y no otra, porque considero que la buena poesía siempre se siente. Aquella primera impresión, la de encontrarme ante una voz distinta en los poemas de Pablo Valdivia, ha sido continuada por el conjunto de matices que poco a poco se ha ido desvelando en mis sucesivas lecturas del libro. Lecturas a las que me convocaban, y siguen haciéndolo, irremediablemente sus palabras: siempre renovadas, siempre reveladoras –como el propio poeta afirma en una ‘soleá’, “Mirar rasgando un espejo / y no ver más que palabras: / el alma del extranjero”– siempre esenciales.Fernando Pessoa escribió hace mucho tiempo que hay poetas que dicen lo que sienten en realidad y otros que dicen lo que piensan que deben sentir. Además, sumadas a estas posibilidades, Pessoa entendía que había una tercera: la de aquellos otros que dicen lo que quieren sentir. Y es en este espacio donde se enmarca la propuesta poética de Pablo Valdivia y quizás, en mi opinión, donde estriba la verdadera dificultad de escribir poesía: ‘la verdad del aquí, ahora, siempre’ del que nos habla el autor de este poemario.

Cuando uno se acerca a las páginas de Respirar bajo el agua con mirada de lector atento lo primero que le llama la atención es la concisión y el rigor del lenguaje. Un lenguaje que no se hace presente ni como alarde de virtuosismo ni como un mero apéndice, sino como ‘sendero y casa’, si parafraseamos alguno de sus poemas. Mas allá de las teorías de los críticos o de las poéticas de los propios autores, todos los lectores podemos estar de acuerdo sobre el hecho de que si leemos un poema y sentimos que no hay nada que sobre, en seguida se conjura en nosotros la idea de que el poema está bien escrito. A esa certeza se le suma siempre otra no menos verdadera. Tampoco deja de ser cierto, a pesar de lo que muchos puedan seguir afirmando, que la concisión y el arte de desbrozar no están reñidos con el contenido, con lo que se quiere decir. En este sentido, Respirar bajo el agua es un afinado ejemplo de cómo aquilatar todos los riesgos a los que un poeta joven se enfrenta cuando escribe. Así lo sentimos en el emotivo poema que dedica a su abuelo donde homenajea a una figura familiar y al ‘campo trabajado’ como referentes personales: “No bailará la luz / en tu regazo. Triste / perseguirá tu gorra / el rastro de la tierra. / Yacerán con la aurora / tu recuerdo y tu voz. / Tu sombra buscará / el rumor del olivo. / Silencio por tu nombre. / Silencio por el viento //”.

Por otro lado, vislumbramos en este poemario lo que ya apunta hacia una voz propia, lo que, sobre todo, se adivina en la admirable atención que presta el autor al instante fugaz, ‘a las ilusiones que doma la corriente’. El rigor en la palabra que antes describía, no como una carga o un puro formalismo sino todo lo contrario, confiere al instante, a estas ‘polaroids textuales’ (‘En tejados de trigo / amanecen caricias’ o el ‘Hoy solo quiero mirarte y noviembre’), un sentido inquietante y profundo del que en seguida participa el lector. Se trata de ciudades (Londres, Estocolmo, Venecia), paisajes (la Sierra Sur de Jaén, un viaje en un barco rompehielos por el Báltico), eventos (la muerte, un mundo que ha desaparecido o escenas cotidianas trascendidas), en los que la expresión y la impresión son una propuesta consciente con la que nosotros, los lectores, estamos llamados al encuentro y a un fructífero juego de identificación y de extrañamiento como el que palpamos en el ‘Nada de lo que fuimos / alcanzará la aurora’ con el que termina una de sus páginas. Por eso he denominado como ‘polaroids’ y no simplemente como retratos estos poemas, ya que los versos de Respirar bajo el agua alcanzan una irreducible singularidad que niega una fuga trascendental en el acto de su lectura. En otras palabras, no existe en estos poemas un intento de sermonear al lector, la adopción de un tono pretencioso o la disposición de una jerarquía. Nada más lejos de ello, Respirar bajo el agua es el diálogo con alguien que hemos sido o somos o seremos nosotros mismos algún día, alguien que habita en nuestra sombra y que Pablo Valdivia pone a nuestro alcance para que ‘el pasado y el futuro alimenten el trigo de nuestro presente’.

Ante un libro con poemas tan distintos y variados me gustaría insistir en el carácter ‘topográfico’ y espacial de sus versos. De modo engañoso, estos textos nos ofrecen una localización, un encuadramiento (un paisaje, si preferimos), pero los lugares no son más que territorios simbólicos que más que contemplados están habitados sentimentalmente. Son testigos y presencias autónomas donde se encontrarán los eventuales espectadores / lectores con el envés de lo que aún no sabían cómo expresar. Así nos ocurre cuando leemos ‘Londres se está muriendo / de la melancolía / que palpita en sus huesos /’.

Pongamos un ejemplo para ilustrar mejor lo que hasta ahora pudiera sonar un tanto abstracto. El Londres del que nos habla Pablo Valdivia no tiene nada que ver con el de la televisión o el turismo. Se trata, más bien, de un Londres irreal, como lo llamaba Eliot, pero a la vez tan real, tan presente como el de los cardumes de gente caminando por London Bridge, por el Tube, entre la niebla de una ciudad que no muere. En definitiva, el libro nos habla de un Londres mítico donde se entremezclan otras ciudades de la Inglaterra más profunda como es el caso de Nottingham, ciudad que creía que conocía bien hasta que leí Respirar bajo el agua y ahora tan sólo soy capaz de reconocer a través de la presencia deliciosamente incómoda de los huesos y de la sal, que supura esa juventud aún por perder, llena de un encanto tumultuoso y precariamente primaveral. Juventud que invade los lugares de cada rincón del hermoso y a la vez triste campus de la Universidad de Nottingham: ‘Llegan a Willoughby los estudiantes / con el hábito triste / del cansancio y el frío /[…] Caminan sin saber / que mañana serán / nieve, sal, hierba, besos. / El invierno ha clavado su sonrisa de sombra / en la luz de sus ojos. //’

Como decía, insisto, en estas ‘polaroids’ textuales lo real no está presente si no refractado, requebrado, modulado, hecho poesía, palabra por palabra: ‘Blancas quejas infinitas / hilaban el porvenir //’. Esa textura es la que nos hace disfrutar de lo poético y lo real, forzosamente poético, que toman cuerpo transmitiendo una verdad pulcra y alejada de lo tópico hasta cuando se trata el tema amoroso, siempre recurrente en poesía: ‘En el eco de los días / cabalga mi voz tus sueños. / Nuestra esperanza tu risa. //’ No hay peor pregunta que hacerle a un escritor, tan manida por los periodistas, como la de qué trata su libro. Los poemas de Respirar bajo el agua no hablan sobre ‘nada’ en particular, pero lo particular en sus múltiples figuraciones, reales o poéticas, es lo que hace que los poemas nos hablen de lo que esencialmente somos: ‘El valle ya susurra / tu nombre verdadero. //’

No se confundan con las palabras que he elegido para esta reseña. Muchos se equivocarían si pensaran que estamos ante un poeta de lo etéreo. Al contrario, estos poemas se alejan de esa reducción simplista y no permiten que la atención del lector se escape de ellos. Porque aunque los poemas puedan parecer vagamente inocentes en una primera lectura rápida habituada a juegos verbales pirotécnicos, estos textos son tan difícilmente inocentes, son tan difícilmente sencillos, que apuntan a una incipiente maestría en la expresión. Maestría que habrá de verse refrendada en sus próximos poemarios.

La gran cuestión, y volviendo a las diferentes posibilidades que mencionaba Pessoa, está en que el poema albergue lo que quiere que nosotros sintamos. Y que nosotros, los lectores, sintamos a la vez la necesidad de descubrirnos en infinitas relecturas del poema. He aquí donde se encuentra, a mi parecer, la dificultad de la escritura de la poesía. Un reto bien resuelto en Respirar bajo el agua donde el respeto a la inteligencia del lector, la sencillez aquilatada con la elección justa de la forma para huir de la ramplonería y la original mirada que nos acompaña por sus páginas, son elementos que consiguen devolvernos al gozo de la lectura sin teorías ni añadidos transcendentales que los justifiquen.

Quizá ésa sea la dificultad de la poesía, la de definir un proyecto literario sin necesidad de objetos externos que lo legitimen, la de invitar y defender el puro placer de leer a través de los textos, la de escribir desde la libertad que otorga la técnica, la de adentrarse en el irresoluble enigma de qué es la poesía y tan sólo poder ofrecer a cambio un puñado de nuevas preguntas y unos pocos versos que ya nos acompañarán para siempre.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

Comments are closed.