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EGM.
marzo 2015 /
Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 16, marzo 2015.

De la rapidez. O de la necesidad de una «Polepedia»

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Mirko Lampis [*]

Resumen. Con este artículo me propongo estudiar la noción de «rapidez» con referencia a los procesos de circulación y búsqueda de la información en las redes digitales. Si la rapidez es un requisito esencial de las modernas herramientas informáticas, hay que decir que la construcción cultural (y enciclopédica) del saber requiere a menudo tiempos y procesos mucho más lentos y complejos. Así pues, también a través de la comparación entre la Wikipedia y una imaginaria «Polepedia», se aborda la cuestión del papel que el trabajo, el esfuerzo y la duda necesariamente desempeñan en los procesos de aprendizaje humano.

Palabras clave: internet, cultura digital, rapidez, lentitud, enciclopedia

Abstract. In this paper, we propose to study the notion of «rapidity» with reference to the processes of circulation and search for information in the digital networks. If the rapidity is an essential requirement of modern informatics tools, we must say that the cultural (and encyclopedic) construction of knowledge often requires much slower and more complex times and processes. Thus, also through the comparison between the Wikipedia and an imaginary «Polepedia», we discuss the question of the role that work, effort and doubt necessarily play in the human learning processes.

Keywords: Internet, digital culture, rapidity, slowness, encyclopedia

Pero los hombres son enormemente impacientes, tanto
cuando se trata de conocer como cuando se trata de
actuar, aunque la paciencia es algo así como el hilo del
laberinto para las operaciones de más envergadura.
Francis Bacon, Novum organum, L

¿En qué piensa usted cuando oye o lee la palabra «rapidez»? ¿En la velocidad de la luz? ¿En el superhéroe Flash? ¿En un Fórmula 1? ¿En el Coyote persiguiendo al Correcaminos? ¿En una ráfaga de viento? ¿En la eyaculación precoz? ¿En los cuadros de Giacomo Balla? ¿En la lectura de un cuento de Poe? ¿En la fórmula espacio/tiempo? Puede que nunca se lo hayan preguntado. Y es imposible, obviamente, para cualquiera que no sea usted mismo, contestar a esta pregunta. Pero sí sabemos qué opinaba acerca de la rapidez el escritor Italo Calvino en su último año de vida.

Era el verano de 1985 y el novelista y ensayista italiano se encontraba trabajando en sus seis propuestas para el próximo milenio, unas breves conferencias que debía presentar en ocasión de las Charles Eliot Norton Poetry Lectures de la Universidad de Harvard de ese mismo año académico; fue entonces, a comienzos de septiembre, cuando un ictus cerebral acabó, muy inoportunamente, con su labor y con su vida. Una de las conferencias ya redactadas por Calvino, la segunda, estaba dedicada a una defensa de la rapidez.

No la rapidez como valor en sí, naturalmente, sino la rapidez como valor literario. Una rapidez que Calvino en su texto relaciona con la economía expresiva típica de los cuentos del folclore, con la velocidad y concisión del estilo, con la celeridad y prontitud del pensamiento, con la «búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa, memorable» (Calvino 1988: 56).

Estamos lejos, pues, de la exaltación de la velocidad mecánica y mecanizada del futurismo. La expresión literaria sigue siendo ponderada, trabajada, compleja. Escribe Calvino:

en una época en la que otros media rapidísimos y con un radio extensísimo triunfan, y amenazan con aplastar toda comunicación en una costra uniforme y homogénea, la función de la literatura es la comunicación entre lo que es diverso en tanto que diverso, no rebajando, sino exaltando su diferencia, según la vocación propia del lenguaje escrito (op. cit.: 52; la traducción es mía).

La rapidez que tanto le gusta a Calvino y que le condujo a la creación de páginas memorables (y a la creación, sobre todo, en opinión de quien esto escribe, de esa obra maestra absoluta que es Las ciudades invisibles) es, en suma, una modalidad narrativa, un modo de contar, de construir el ritmo y la textura de la historia: brevedad, esencialidad, precisión, densidad expresiva.

No es casualidad, en este sentido, que Calvino cite los relatos breves de Borges y Bioy Casares, que recuerde las semejanzas que acercan los modos de la composición narrativa a los de la composición poética y que llegue a declarar su admiración por El Dinosaurio de Augusto Monterroso, padre putativo de toda la micronarrativa o microcuentística actual, hoy en día tan en boga. Como no es casualidad que Calvino, en las demás propuestas para el próximo milenio, también abogue por valores literarios como la ligereza, la exactitud y la multiplicidad.

Bien diferente es, en cambio, aquella rapidez comunicativa que sólo se debe a las prisas, a la superficialidad y a la pobreza de recursos expresivos. Aquella rapidez que no sólo «amenaza con aplastar» sino que de hecho aplasta «toda comunicación en una costra uniforme y homogénea». Para Calvino, cabe suponer, como también para Fernando Lázaro Carreter en esos mismos años (véase Lázaro Carreter 1997), el problema principal era la lengua empleada y difundida por los medios de información de masa: prensa, radio y televisión. Todavía estaba lejos la revolución digital y la explosión de la hiperconectividad y nadie podía imaginar lo que sería la comunicación al uso en las modernas redes sociales digitales (Facebook, Twitter, etc.) y en los servicios de mensajería instantánea (sms, chats, WhatsApp, etc.); idéntica, en cambio, parece la preocupación por el «impacto» a largo plazo que las tecnologías, las de entonces y las de ahora, pueden tener sobre los hábitos lingüísticos, culturales y aun cognoscitivos del ser humano y, sobre todo, de esos seres humanos «en vía de formación», por así decirlo, que son los niños y los jóvenes [1].

Pero no es del uso, del mal uso o del abuso de la lengua pública ni de las nuevas formas, modalidades y ritmos comunicativos, a la vez efecto y causa, a la vez determinados y determinantes con respecto a las modernas tecnologías conectivas, de lo que quiero aquí conversar, sino de un fenómeno que, aunque estrechamente relacionado con esas formas, modalidades y ritmos, mantiene un dominio de pertinencia social muy diferente: la rapidez en la circulación, difusión y búsqueda de la información.

La velocidad es, obviamente, uno de los requisitos básicos de las herramientas que se producen y emplean para operar en las redes digitales (navegadores, motores de búsqueda, aplicaciones, etc.), y tanto es así que pronto aprendemos a percibir toda espera, retraso y demora como un imperdonable defecto técnico. Véase el siguiente sencillo chiste visual (encontrado, ¿cómo no?, en internet), cuya diana es uno de los primeros sistemas de navegación en la red, al parecer no tan rápido como sus más recientes compañeros.

Según indica Corominas (1998), el adjetivo «rápido» vendría del latín rapĭdus, derivado de rapĕre, ‘raptar’, ‘arrebatar’. El étimo parece más interesante aún al constatar que estamos pasando en nuestra época, precisamente, por una especie de «arrebato digital». ¿Ha estado usted recientemente en compañía de amigos sin que alguien en un momento dado sacara algún dispositivo conectado a la red para buscar o contrastar cierta información? Gracias a la hiperconectividad, podemos saber lo que nos hace falta en cualquier lugar, en cualquier momento y casi de manera instantánea. O por lo menos es esto lo que llegamos a creer, es esto lo que llegamos a vivir, hasta experimentar cierta angustia o desazón cuando nos vemos obligados a prescindir de nuestra ya acostumbrada «conexión a todo» (se habla, en efecto, de un «síndrome de abstinencia de internet», lo que también confirmaría el hecho de que somos, en cierta medida, «red-dependientes»).

Saberlo todo. Tener acceso a la totalidad del saber. El sueño enciclopédico parece así concretizarse en nuestras modernas redes digitales.

La etimología griega del término enciclopedia es conocida: ἐν (‘en’) κύκλος (‘círculo’) παιδεία (‘formación’, ‘educación’). En la tradición griega, según señala Eco (2007), esta expresión, enkyklios paideia, indicaba una educación completa [2], significado luego retomado por el vocablo moderno enciclopedia, que aparece en el siglo XVI (en autores como Thomas Elyot, François Rabelais y Ludovico Vives) para designar la totalidad del saber o la totalidad de lo que el discente debería saber.

De ahí también las definiciones actuales del término. Según el Diccionario de la Real Academia Española:

1. f. Conjunto de todas las ciencias.

2. f. Obra en que se trata de muchas ciencias.

3. f. Conjunto de tratados pertenecientes a diversas ciencias o artes.

4. f. enciclopedismo.

5. f. Diccionario enciclopédico.

Y según el Diccionario del Español Actual:

1. Conjunto de todas las ciencias.

2. Obra en que se trata de muchas ciencias.

b) Obra que trata de todas las materias [de una ciencia o arte].

c) Diccionario enciclopédico.

Ahora bien, pocos deben ser en el mundo los que todavía ignoran lo que es la Wikipedia, la más importante enciclopedia digital moderna, disponible on line y de acceso totalmente libre. Su nombre, cabe señalarlo, representa un interesante caso de hibridismo «macarrónico»: el griego paideia fusionado con el compuesto wiki, palabra hawaiana que significa «rápido». Etimológicamente, pues, ya damos de bruces con el problema que me gustaría aquí plantear.

No creo que haga falta insistir acerca de las «virtudes» de una herramienta como la Wikipedia. Señalaré, por tanto, sólo las siguientes cuatro: flexibilidad (las entradas son revisadas y adaptadas de forma continua y colectiva), hipertextualidad (los enlaces o links permiten «saltar» de una entrada a todas las entradas relacionadas), multimedialidad (se integran textos escritos con imágenes y archivos sonoros) y, naturalmente, rapidez (tanto en la elaboración y rectificación de las entradas como en el acceso a ellas y a sus enlaces).

También puede resultar útil echar un vistazo a los llamados «cinco pilares» de la Wikipedia, es decir, las principales normas editoriales que sus autores están llamados a respetar:

Wikipedia es una enciclopedia que incorpora elementos de las enciclopedias generales, de las enciclopedias especializadas y de los almanaques. Wikipedia no es un diccionario, ni una colección de textos originales, ni tampoco una máquina de propaganda. Wikipedia no es un periódico, ni un servidor gratuito, ni tampoco un proveedor de espacio web. Asimismo, Wikipedia no es un conjunto de páginas promocionales, ni un experimento sobre la anarquía o la democracia, o un directorio de enlaces. Tampoco es el lugar para expresar opiniones, experiencias o argumentos; todos los editores deben impedir que Wikipedia se convierta en una fuente primaria y deben esforzarse por conseguir la exactitud en los artículos.

Wikipedia busca el «punto de vista neutral», es decir, intenta conseguir que los artículos no aboguen por un punto de vista en concreto. Esto requiere ofrecer la información desde todos los ángulos posibles, presentar cada punto de vista de forma precisa, dotar de contexto los artículos para que los lectores comprendan todas las visiones, y no presentar ningún punto de vista como «el verdadero» o «el mejor». Esto implica citar fuentes autorizadas que puedan verificarse siempre que sea posible, especialmente en temas polémicos. Cada vez que aparezca un conflicto para determinar qué versión es la más neutral, debe declararse un periodo de reflexión mediante un cartel de discutido en el artículo. Se aclararán los detalles en la página de discusión y se intentará resolver la disputa con calma.

Wikipedia es de contenido libre, de manera que todo el texto está disponible bajo la Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0). La mayor parte del contenido también está disponible bajo la Licencia de Documentación Libre GNU (GFDL). Esto significa que el contenido de Wikipedia se puede distribuir y enlazar de acuerdo con lo establecido en estas licencias. Deberás aceptar que cualquiera podrá modificar en cualquier momento y sin previo aviso tus artículos y que ningún individuo controla los artículos en forma exclusiva. Cualquier texto con el que contribuyas podrá ser editado y redistribuido sin piedad por toda la comunidad. No incorpores materiales que violen los derechos de sus autores ni trabajos con un esquema de licenciamiento incompatible con el esquema de Wikipedia.

Wikipedia sigue unas normas de etiqueta. Respeta a tus compañeros wikipedistas incluso cuando no estés de acuerdo con ellos. Compórtate civilizadamente. Evita los ataques personales y las generalizaciones. Mantén la calma cuando se crispan los ánimos; evita las guerras de ediciones; recuerda que hay alrededor de 1.119.000 artículos en la Wikipedia en español con los que puedes trabajar. Actúa con buena fe, sin sabotear Wikipedia para respaldar tus argumentos. No uses títeres para hacer el mal o para evitar las políticas. Sé abierto, acogedor e inclusivo.

Wikipedia no tiene normas firmes más allá de los cinco principios generales enunciados aquí. Sé valiente creando, trasladando y modificando artículos, porque la gracia de editar es que, aunque se persigue, no se requiere la perfección. Y que no te asuste editar por miedo a ponerlo todo patas arriba. Todas las versiones anteriores de los artículos están guardadas, así que no hay forma de que puedas estropear por accidente Wikipedia o de destruir su contenido irremediablemente. Por eso recuerda: todo lo que escribas aquí pasará a la posteridad (http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Los_cinco_pilares; las cursivas indican los enlaces que reenvían a entradas de Wikipedia o a normas o consejos de edición).

Se trata de reglas que apuntan a la compilación, recopilación y difusión de un saber público, compartido y revisable. Hay que reconocer, al respecto, que en este texto programático la propia Wikipedia, a pesar de un final un tanto efectista («todo lo que escribas aquí pasará a la posteridad»), intenta mantener un «perfil bajo» pidiéndoles a sus editores que tomen conciencia de lo que es y de cómo debería funcionar: que eviten, pues, convertirla «en una fuente primaria» (primer pilar) y que, por consiguiente, citen en sus entradas «fuentes autorizadas que puedan verificarse siempre que sea posible, especialmente en temas polémicos» (segundo pilar; por cierto, ¿existe tema que no sea, al menos potencialmente, polémico? Dicho sea de paso que este requerimiento, tal y como está formulado, parecería autorizar cierta relajación a la hora de editar entradas acerca de las que existe o parece existir acuerdo unánime).

La Wikipedia se presenta así, en última instancia, como una herramienta de divulgación enciclopédica cuya validez y autoridad se deriva y depende de la capacidad de los editores para elaborar, colectivamente, textos informativos que se apoyen de forma explícita y verificable en fuentes válidas y autorizadas.

¿Fuentes válidas y autorizadas por quién?, cabría preguntar. Lisa y llanamente, por el mercado cultural; en otros términos, por las instituciones que rigen y controlan la producción, circulación e interpretación de los llamados textos científicos (universidades, academias, editoriales, centros de investigación, comités de control, etc.); en otros términos, por el sistema cultural en su totalidad (con todas sus contradicciones, tensiones y divisiones internas; véase Lampis 2013).

Es a partir de esta labor de recopilación y validación, pues, que la Wikipedia se convierte, al igual que toda enciclopedia, en un receptáculo de «verdades» (definiciones, descripciones, explicaciones) socialmente al uso. La diferencia más destacada con las herramientas enciclopédicas «clásicas» (esto es, en papel) es que el acceso a dichas verdades y su continua revisión y modulación resultan mucho más rápidos.

Que quede claro que esta «relativización enciclopédica» de la Wikipedia de ningún modo representa un ataque contra su validez o una filípica contra su empleo. Todos los profesores sabemos perfectamente que hoy en día los estudiantes suelen tener problemas a la hora de discriminar entre fuentes fidedignas y fuentes que lo son menos (o que no lo son en absoluto) entre las muchas a las que pueden acceder a través de la red digital, que es un poco el reino del «todo vale». Este problema, sin embargo, no parece afectar a la Wikipedia, pues sus entradas están «bajo constante vigilancia» por parte de los propios usuarios/editores, de modo que la información seleccionada y fijada tiende a alcanzar una medida o equilibrio informativo culturalmente aceptable (el «punto de vista neutral» recordado en el segundo pilar: la expresión, de todas formas, no deja de ser un oxímoron algo engañoso, pues todo punto de vista es necesariamente parcial, aun cuando busca la imparcialidad).

El problema verdadero surge, más bien, cuando los usuarios de esta herramienta, ya sean o no estudiantes, empiezan a reconocer su validez y autoridad al margen de toda consideración acerca de la validez y autoridad de las fuentes empleadas por sus editores. En este sentido, la «educación rápida» que ofrece la Wikipedia puede resultar contraproducente en esos casos en que el usuario se habitúa a aceptar, acríticamente y «de buenas a primeras», la validez de lo que en ella se sostiene (es decir, al convertirse la propia Wikipedia en aquella fuente primaria que no es, no pretende ser ni puede ser).

El problema, en suma, estriba en lo siguiente: que se les da la ilusión a muchos usuarios de poder acceder enseguida a un saber universal y válido con unos pocos «clics» en la pantalla de su dispositivo. Craso error. Saber no equivale a informarse.

En último término, todo se podría reducir a la siguiente máxima general (que es también máxima pedagógica, aunque la pedagogía moderna no parezca tenerla mucho en cuenta): la información adquirida sin esfuerzo tiene muy poco valor, si es que tiene alguno. O también: cuanto menor es el trabajo que hacemos para dominar un saber dado, tanto menor es el control que tenemos sobre ese mismo saber [3].

No se olvide que, en una perspectiva sistémica, vivir, conocer y hacer constituyen un único proceso [4]. En este sentido, aprender implica de forma necesaria un trabajo [5] que cambia (transforma, hasta metamorfosea) a nuestro propio cuerpo (desde la reorganización funcional y aun estructural de las conexiones neuronales hasta el modelado de las apariencias y habilidades físicas), nuestra conducta (modificación y adquisición de hábitos) y nuestros ámbitos de interacción (ensanchamiento y variación de los dominios comunicativos). Cambios (transformaciones, hasta metamorfosis) que están estrechamente vinculados, por tanto, con el tipo y las modalidades del trabajo subyacente al proceso de aprendizaje.

Si la Wikipedia puede llegar a ser, en suma, el «blanco» de estas páginas, es sólo en la medida en que se presta a ejemplificar (o simbolizar) cierto laxismo cognoscitivo y pedagógico, cierta tendencia a contentarse con informaciones cuyo acceso sí puede ser libre y rápido y cuya validez sí puede ser adecuada y verificable, pero sin interesarse jamás por los procesos que llevan a la fijación y divulgación de tales informaciones ni por los riesgos que conlleva una habituación demasiado exclusiva a este tipo de saber (que cada cual busque el calificativo que más le convence: «inmediato», «cómodo», «fácil», «a la carta», «superficial», etc.).

Se podría acuñar, en este sentido, otro compuesto macarrónico, fusionando esta vez con el griego paideia la palabra suajili pole, que significa ‘lento’, ‘despacio’. Esta «Polepedia» tendría una única consigna general: complicarles la vida a los discentes; así pues, contendría definiciones incompletas, datos contradictorios, informaciones ambiguas y textos ininteligibles; no ofrecería ni rutas de navegación ni enlaces pre-establecidos, sino que nos obligaría a formular, comprobar y refutar hipótesis acerca de cuáles derroteros seguir en nuestra propia investigación; nos exigiría largas consultaciones, desplazamientos a archivos lejanos y búsquedas de horas y horas, si no de años, en lugares y territorios inhóspitos; no admitiría el menor cambio o modificación si no a costa de interminables discusiones, revisiones y negociaciones; jamás nos daría la certeza de haber alcanzado un conocimiento último acerca de la realidad investigada.

En efecto, y quizá el dato no se le haya escapado al lector, esta «Polepedia» es algo que ya existe: se corresponde con lo que comúnmente llamamos investigación científica.

La construcción del saber (el individual y, a fortiori, el colectivo [6]) es siempre una cuestión peliaguda. En esta óptica, hay que decir que las diferentes tecnologías que han intervenido a lo largo de la historia humana en los procesos de creación, circulación e interpretación textual (tecnologías como la escritura, la imprenta e internet) no han hecho más que complejizar las dinámicas comunicativas propias del dominio cultural; complejizarlas en el sentido que debemos a Edgar Morin: transformando, aumentando e imbricando las vías y los modos de relación factual, posible y virtual entre los participantes en el dominio. En cambio, ninguna tecnología ha podido volver más lineal la «aventura colectiva de la ciencia»: una aventura constelada de errores, ilusiones y mitos [7]. Una aventura, en otros términos, que sigue su camino según las modalidades y dificultades previstas por la «Polepedia».

Al fin y al cabo, «etimológicamente» hablando, a la cultura hay que cultivarla, y si hablamos de cultivos no podemos ignorar el hecho de que el crecimiento tiene sus ritmos y puede ser acelerado sólo hasta cierto punto. Independientemente de las herramientas que tengamos a disposición, el saber humano se construye y deriva a base de dudas, conjeturas, explicaciones provisionales y pacientes comprobaciones; no hay atajos.

No todos, desde luego, debemos portarnos como científicos, y los que son científicos no pueden serlo siempre, así que lo más normal y corriente es acudir, cuando haga falta, a las autoridades competentes (según se nos enseña). Sin embargo, a veces, resulta útil recordar que el conocimiento tiene sus idiosincrasias, sus límites y sus defectos; y que requiere tiempo; no tenemos por qué dejarnos arrebatar.

Bibliografía

CALVINO, Italo (1988) Lezioni americane. Sei proposte per il prossimo millennio, Milano, Mondadori, 2009.

COROMINAS, Joan (1998) Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, Gredos.

ECO, Umberto (2007) Dall’albero al labirinto. Studi storici sul segno e l’interpretazione, Milano, Bompiani.

LAMPIS, Mirko (2013) Tratado de semiótica sistémica, Sevilla, Alfar.

LÁZARO CARRETER, Fernando (1997) El dardo en la palabra, Barcelona, Random House Mondadori, 2003.

LOTMAN, Iuri M. (1988) «El progreso técnico como problema culturológico», en La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto, Madrid, Cátedra, 1996, pp. 214-236.

Notas

[*] Universidad Constantino el Filósofo de Nitra (Eslovaquia).

Contacto con el autor: mlampis@ukf.sk

[1] Cabe recordar la feliz afirmación del estrafalario protagonista de Palombella Rossa, película de 1989 escrita, dirigida y protagonizada por Nanni Moretti: «Quien habla mal, piensa mal y vive mal. Hay que encontrar las palabras justas: ¡las palabras son importantes!».

[2] Como especifica Eco:

Enkyklios no significaba tanto, como se suele ahora traducir, educación circular, en el sentido de armónicamente completa, sino «en el círculo». Aristóteles en la Ética a Nicómaco y en el De coelo usa este adjetivo para decir «usual», «ordinario», en el sentido de «recurrente». Pero según algunos el adjetivo se refiere a la forma del coro: aprender a cantar ciertos himnos era parte esencial de la educación de un chico, y por lo tanto enkyklios significaría «la forma de educación que un chico debería recibir». Y en efecto en este sentido lo interpretan Vitruvio (De architectura, VI), como «doctrinarum omnium disciplina», y Quintiliano en Institutio oratoria (I, 10) (Eco 2007: 30; la traducción es mía).

[3] Podríamos, en este contexto, volver a la noción spinoziana de conatus, ‘esfuerzo’: la «potencia de ser» y, al mismo tiempo, «potencia de obrar» que determina (de forma causalmente necesaria) las acciones y pasiones llevadas a cabo y experimentadas por el individuo. Acrecentar esta «potencia de ser y de obrar», es decir, aprender a conocer mejor las redes causales que nos determinan, hasta el punto de poder intervenir en ellas, requiere sin duda según Spinoza mucho estudio y es el fin último de la filosofía.

[4] ¿Acaso no vivimos según lo que conocemos y hacemos? ¿No conocemos según lo que hacemos y vivimos? ¿No hacemos según lo que vivimos y conocemos? Al fin y al cabo, también desde la perspectiva experiencialista (y antes aún: existencialista y fenomenológica) se reconoce la profunda unidad entre vida, conocimiento y acción.

[5] Habría que «despojar», en este contexto, la noción de trabajo de todos los significados que se le han añadido en el ámbito de los estudios económicos y físicos; aquí, ha de entenderse como trabajo cualquier actividad que se desarrolle en el tiempo y que implique disipación de energía y desgaste físico.

[6] Hablando con rigor, el saber es siempre público, consensual, intersubjetivo. En otros términos, lo que llamamos saber es la dimensión memorial, estratificada y compartida del conocimiento individual.

[7] Recuerda Iuri Lotman un pasaje del diálogo platónico Fedro en el que el dios Tot, inventor de la escritura, alaba este instrumento ante el rey egipcio; este, sin embargo, le contesta al dios que la escritura en realidad hace más olvidadizo a quien la aprende, ya que vuelve superfluo el ejercicio de la memoria (Lotman 1988: 216). La anécdota sirve para ejemplificar el hecho de que los supuestos progresos y regresos relativos al empleo y a la difusión de una tecnología se dan en cualquier caso y únicamente de forma contextual (circunstancial, local, temporal). Las tecnologías, al modificar el dominio interaccional de los discentes, también modifican sus hábitos cognoscitivos y su relación con la realidad conocida. En este proceso no son infrecuentes los olvidos, los trastornos y las aberraciones.

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