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EGM.
Septiembre 2012 /
Publicación semestral. ISSN: 1988-3927. Número 11, septiembre 2012.

Pulcritud absoluta de lo cruel

Ferrer Lerín, Francisco (2012): Gingival, Edición de Fernando Valls, Palencia: Menoscuarto, Colección Reloj de arena.
María José Codes
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Vaya por delante mi personal escepticismo para la palabra blog y para lo que connota. Desde que las bitácoras personales se pusieron de moda como lugares de exhibicionismo y autopromoción personal, huyo de ellos. Hay, eso sí, unos pocos, muy pocos, de contenido inteligente y visita recomendable. Y existe también, para quien no lo sepa, ese blog de Ferrer Lerín (Barcelona, 1942), que más que una mundana bitácora personal es un escritorio virtual con estructura de blog, donde acontece cada día el propio hecho literario. Así, el autor escribe y muestra su obra en tiempo real y el lector peregrino que acierta a pasar por su balcón —el mismo al que Ferrer Lerín se asoma de vez en cuando para observar el vuelo de aves necrófagas o las bandadas de pájaros estacionales—, se detiene allí para siempre, hipnotizado por la extraña crueldad de su narrativa poética, de su poesía en prosa, de su literatura esencial.

Pero el formato de un blog dispersa la atención del lector y es preciso retirar de la mente cabeceras, enlaces, archivos y demás organizadores visuales, para comprender la trascendencia de lo que Ferrer Lerín sube a su escritorio. Por esta razón, Fernando Valls, director de la colección Reloj de Arena de la Editorial Menoscuarto, decidió un día recoger buena parte de esos escritos de Ferrer Lerín para editarlos en papel, materia orgánica amiga, cómplice de la lectura íntima independiente.

El proyecto, que ha llevado su tiempo, es una selección de textos, algunos de los cuales van ligados a imágenes. Su título, Gingival, hace referencia a uno de los escritos que recoge, a modo de lista, comentarios en fichas dentales de algunos pacientes de Ferrer Auger, padre del autor; y en el que se resalta la particularidad de la coloración de las encías de los individuos de raza gitana, “que oscila entre un negro azabache y un violento tornasolado”.

El libro se abre con un escrito breve titulado Argumentum herpetologicum, que bien podría ser una cita o una declaración de intenciones del autor:

Nunca sé si el hecho de encontrar culebras de Esculapio atropelladas debe de ser motivo de alegría o de tristeza. Cada accidente permite comprobar que aún existen ejemplares de esta rara especie pero supone un tributo excesivo para el mantenimiento de una población viable.

La narración de un hecho cruel, la imagen de las culebras arrolladas, como constatación inventarial de la existencia de la especie, y la duda sobre si verlo debe producir tristeza por su muerte o alegría por su encuentro, es el perfecto resumen de lo que el lector hallará con frecuencia en toda la obra de Ferrer Lerín y en particular en las narraciones breves de Gingival: la exposición impasible de lo brutal, asimilado y filtrado por una inteligencia analítica, y transformado en una reflexión en el límite entre lo horrendo y lo sublime.

Gingival es un diario de ficciones, de pensamientos, de historias demoledoras o hilarantes, de emociones y a veces, incluso, de sorprendentes escritos místicos, como el titulado Situación (p.14):

La mejor de las posturas. En el mejor de los lugares. Sentado. A la sombra. En primavera. Con la luz de espaldas. En una plaza de un pueblo andaluz. Frente a la iglesia. Que ha de tener campanario. Observando las aves…

El factor común de los relatos de Gingival es la prosa fría de expresión severa, la narración aséptica y una voz literaria de cirujano forense: “Cuatro niños muertos son encontrados, por un atleta, a poca distancia unos de otros en la ciudad de X” (Juan, p. 99). “Relación de personas caídas, el martes 6 de octubre de 2009, a un pozo seco situado en la finca Berbeñales hasta colmatarlo” (Brocal bajo, p. 100). El autor reflexiona como un científico sobre los ejercicios de recuento que le son gratos en Series (p. 134): “la cita de ejemplos de progresión y finalización, de avance y acabamiento (…) el vacío final, la pulcritud absoluta”.

Pero nadie como el propio Ferrer Lerín para dar un toque de flemático humor negro sobre sí mismo; así lo hace en Débil una noche (p. 172): “Lerín había dejado de ir de cuerpo a los cuarenta y a los cincuenta había dejado de orinar. No admitía excretas…”

Diremos, en fin, para los amantes de las legitimaciones, que Francisco Ferrer Lerín es narrador (Familias como la mía, Tusquets 2011) y poeta (Ciudad Propia. Poesía autorizada, Artemisa 2006); que recibió el Premio Nacional de la Crítica en 2010 por su libro Fámulo (Tusquets, Nuevos Textos Sagrados, 2009). Es uno de esos escritores “raros, raros”, que publicó su primer poemario, De las condiciones humanas, con tan solo veintidós años, cuando protestaba en rebeldía poética, junto con sus amigos Gimferrer y Azúa, contra la poesía social. Un autor que ha desaparecido y aparecido en el panorama Literario a su antojo, con la naturalidad duchampiana del que sabe que su sitio jamás será ocupado por nadie. Un escritor que se ha ausentado para vivir otras vidas, como herpetólogo, como ornitólogo, como jugador de póquer profesional, como espía, como seductor y como amante y alimentador de aves necrófagas. Vidas que nutren su Literatura brutal, que han macerado en su mente de escritor y que aguardan ser destiladas, como estas de Gingival, en directo, gota a gota, con ese aroma intenso y embriagador del hecho cruel, de la anticipación del futuro, del sexo, de lo fantástico, del humor negro…

Hay demasiado sustrato literario en Gingival como para que no sentirse abrumado, como para no cerrar el libro rendido ante la inteligencia literaria de su autor.

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