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EGM.
Marzo 2009 /
Publicación semestral. ISSN: 1988-3927. Número 4, marzo de 2009.

Ávila, Miguel Ángel. Anfa. Tenerife, Isla Varia, 2007.

Susana Bernal Sánchez
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Abrir un libro de Miguel Ávila y comenzar a leer sus páginas se convierte en todo un ejercicio de cultura y enriquecimiento personal. En esta ocasión vamos a hablar de su último libro de poemas, Anfa, que tiene como escenario la sugerente ciudad de Casablanca, la cual da cobijo al poeta desde hace ya algunos años. Miguel Ávila es un escritor prolijo, además de crítico literario, investigador y por encima de todo profesor, de esos profesores que los alumnos buscan, de los que los jóvenes imitan y emulan, de los profesores que son perseguidos por los pasillos incansablemente en busca de una nueva anécdota que anime y dé algo de color a los en ocasiones demasiado grises pasillos de un instituto cualquiera. Miguel Ávila es un personaje que marca una huella indeleble en aquellos que tienen la fortuna de conocerlo. Con ese halo de aquel que ha visto más allá, e incansablemente paciente con alumnos y compañeros, recorre los pasillos del Instituto Juan Ramón Jiménez de Casablanca, del que es profesor desde hace tiempo.

Es licenciado en Filología Románica y Filología Hispánica por la Universidad de Granada y Doctor en Filología Románica por la Universidad de Almería. Como crítico teatral y literario colabora en diversas publicaciones periódicas de ámbito nacional e internacional. Es autor de los libros de poesía Fe de vida (o da lo mismo). Antología última (Motril, Ayuntamiento de Motril, 1998), Aguas salobres (Salobreña, edit. Alhulia, 1999), Huellas de sombra (Córdoba, Ediciones Cajasur, 2002), Nuevo refranero universal (Salobreña, Ayuntamiento de Salobreña, 2002), La casa del aire (Salobreña, edit. Alhulia, 2003), con el que obtuvo el I Premio Nacional Arenal de Sevilla, Loquinarias (Salobreña, edit. Alhulia, 2004), Un viento clandestino (Sevilla, edit. Universidad de Sevilla, 2005), Mas no desotra parte (Salobreña, edit. Alhulia, 2007) y Anfa (Tenerife, Isla Varia, 2007). Igualmente es autor del poemario A pedir de boca, publicado en Granada (2004) por la Asociación Cultural El diente de oro dentro de la Colección “Vitolas del Anaïs” (núm. 3). Como filólogo e investigador teatral ha colaborado en diversos medios especializados. Desde el año 1994 es miembro del Grupo de Investigación del P.A.I. de la Junta de Andalucía (Universidad de Almería), denominado Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, y además colabora con diversas universidades y otros centros de enseñanza en la impartición de cursos y conferencias sobre literatura y teatro.

Su poesía oscila entre la vida y la muerte con una celeridad vertiginosa, y el desencanto vital se entremezcla con la ilusión por vivir en un mundo que parece haberse vuelto medio loco a los ojos del poeta. La noche de la misteriosa y sinuosa ciudad de Casablanca, con sus rugientes coches y su innegable encanto, es el telón de fondo de algunos de los poemas del libro Anfa. La defensa ante esa noche amenazante e inhóspita es en ocasiones la mujer amada:

…Tu pie me da seguridad,
me protege de la noche
que me asalta con dudas y silencios,
con rimados gemidos de coches
que van a ningún sitio…

En otras ocasiones no hay consuelo para el poeta, que insomne y perdido en un mundo salvaje y yermo, se lamenta cansado de su infructuosa lucha:

…Estoy cansado esta noche
de huir y descubrirme
a cada paso rodeado
de sombras y amenaza,
por la ciudad maldita
de mi imaginación
y mi locura…

Sin embargo no todo es desesperación y lucha, sino que el poeta sabe mirar más allá, y encuentra la belleza y plenitud en los ojos de la amada, en su mirada, cual Garcilaso del siglo XXI:

…Le respondería (tras no pensármelo un punto)
que de ti lo que quiero a todas horas
es, amor, tu mirada, tus dos ojos mirándome de lejos […]
para tenerte a ti, eterna, en tu mirada,
la más bella entre las bellas,
y más hermosa aún perdida en la distancia…

Por otra parte, el mar forma parte imprescindible de esta obra. La inmensidad de agua salada, indómita y casi infinita a nuestros ojos hace que el poeta redescubra la maravilla de lo inexplicable, y así Dios y el mar se convierten casi en uno:

Así… Chuía… Chuía…
(Ya me diluyo en la mar sin fondo)…

El mundo entero se abre
cuando te abres tú,
quedamente, sin vuelta a atrás,
inundada la noche de caminos ignorados
que conducen al mar,
al centro exacto
donde arde el fuego
de los dioses justos.

Heme de nuevo aquí, Señor, frente a Ti,
tan solo e indefenso como un pez de caucho,
agobiado por la rima (y por el ritmo)
de la mar sucesiva que mana de Tus ojos,
en tiempo convertida

El mar, ese mar que ahora miras
te hace suyo, te atrapa […]
Tal vez Dios es ese mar, tu mar,
el viejo mar
eternamente renacido.

Todos estos temas de los que hemos hablado se mezclan con otros como los sueños, los espejos, el deseo y las sombras, y así todos ellos entretejen una poesía exquisita que muestra sin tapujos los más recónditos sentimientos del poeta en un alarde de sinceridad y expresión inusitadas. Así su poesía se convierte en un ejercicio que aúna por igual inspiración, habilidad y dominio de la lengua, dando como resultado unos poemas perfectos, tanto en su ejecución como en su finalidad, que no es otra que la de conmover y mover al lector.
Por último señalar su Poética VII, en la que el autor nos confiesa lo que para él significa la poesía:

Si yo no escribiera,
me faltaría el aire
con el que respirar
el sentido de la vida.
La luz me faltaría
que me lleva por el mundo
desvelando los secretos
que siempre van conmigo,
en mí fundidos
como el día en la noche
y el sol en las tinieblas
del olvido.

Yo no creo que pudiera resistir
el imán del silencio
si mi voz se apagara.
Su fuerza me echaría
a un abismo de sombras,
donde se hunden, y crecen,
todos los quebrantos.

Creo que tras estos versos no hay mucho más que decir, tan sólo que les recomiendo la lectura detenida de este poeta, ya que en sus obras podemos encontrar algo raro en nuestros días: verdadera inspiración y arte en estado puro, sin afeites y sin estridencias.

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