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EGM.
Marzo 2011 /
Publicación semestral. ISSN: 1988-3927. Número 8, marzo de 2011.

Titos Martínez, Manuel. Música y finanzas. Biografía económica de Manuel de Falla. Granada: Archivo Manuel de Falla, 2008.

Enrique Lacárcel Bautista
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Desde siempre ha habido cierta sensación de que los artistas en general y los músicos en particular han vivido prácticamente en la indigencia, como ermitaños forzosos. Salvo excepciones (una de las más conocidas por el público, la de Verdi, como importante terrateniente y parlamentario en Italia), la mayoría de los grandes compositores han sobrevivido con más penas que gloria. Ha sido a posteriori, una vez han fallecido y su figura y relevancia han sido reconocidas, cuando los derechos de autor han hecho millonarios a sus “apenados” familiares.

No es habitual que cuando un musicólogo investiga sobre tal o cual compositor, husmee en las cuentas del mismo. Parecería casi de mal gusto. Sin embargo, éstas le darían algunas informaciones de relevancia. En particular, podrían valorar cuantitativamente la influencia y fama del compositor en vida, atendiendo a sus ingresos por la interpretación de sus obras. Además, le darían a conocer aspectos biográficos tales como viajes, compras, listado de conciertos, etc.

En 1998 Jaime Tortella publicó un sorprendente hallazgo musicológico-económico que vendría a desterrar uno de los grandes mitos que había en torno a la figura de Luigi Boccherini: el de la crítica situación económica que sufrió a lo largo de su vida. Tortella vino a probar, en un descubrimiento fortuito, que Boccherini se había convertido en accionista del Banco Nacional de San Carlos, lo cual implicaría que dicha situación económica era más desahogada de la que a priori se le suponía.

En esta misma línea, el profesor Manuel Titos encontró, casi al azar, unos libros de cuentas que pertenecían a Manuel de Falla. Éstos reflejaban una cuenta corriente que el genial músico poseía con la Banca Rodríguez-Acosta desde 1929 hasta 1946, año de su fallecimiento. Además, existe una segunda cuenta que su amigo Pedro Borrajo abrió en 1940 para recaudar las remesas de la SGAE, con objetivo de enviárselas a Argentina. Debido a las restricciones del régimen esto no pudo hacerse finalmente, lo que propició un aumento paulatino del saldo en dicha cuenta.

Pareciera que por la humilde forma de vida del maestro gaditano, éste se hubiera mantenido en una situación precaria. El libro de Titos expone detalladamente el contenido de estas cuentas, lo que le permite demostrar que, si bien no fue un personaje adinerado en relación a su prestigio, desde la década de los veinte, Manuel de Falla pudo vivir dignamente gracias a su labor como compositor.

Además de las obvias referencias biográficas necesarias para contextualizar los hallazgos económicos, el libro aporta una nueva figura, a menudo denostada por los cronistas de Falla, ya que no pertenecía al mundo de la música. Me refiero a Leopoldo Matos Massieu (abogado, diputado, gobernador civil, ministro…), probablemente la amistad más estrecha y duradera que el compositor tuvo. Gracias a la documentación encontrada se observa su importancia como sostén económico cuando lo necesitó y su actividad como asesor financiero cuando dicha economía dispuso de excedentes.

En un maremagno de cifras en pesetas, pesos argentinos y francos, el lector podría perder la noción de la realidad económica y el valor de estas cantidades. Para ello, el autor ha actualizado a Pesetas Constantes los valores expresados en los libros de cuentas. Así, conseguiremos acercarnos de un modo más simple a lo que los ingresos de Don Manuel le permitirían hacer hoy en día. Probablemente hubiese sido más acertado expresar esas cantidades en euros en lugar de en las desaparecidas pesetas, pero Titos consideró en ese momento más oportunas éstas por pensarlas más cercanas en una comprensión global a los lectores.

En conclusión, se trata de un importante trabajo de investigación y análisis por parte del autor, gracias a sus conocimientos de Historia Contemporánea (de la que es Catedrático en la Universidad de Granada) y de Historia Económica (sumados a su gran pasión por la música), de un aspecto que había pasado desapercibido para la historiografía puramente musicológica del genial compositor.

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