Publicación semestral. ISSN:1988-3927. Número 10, marzo 2012.
Emilia Pardo Bazán de cara a “la cuestión palpitante†del Naturalismo español
Cristiana Fimiani [*] | Descargar PDF
Resumen. Si se tiene en cuenta el hecho de que Emilia Pardo Bazán cultivó simultáneamente la creación narrativa y la crÃtica literaria, parece sugerente valorar su faceta metaliteraria para la exposición de las teorÃas estéticas y de los juicios crÃticos de la escritora coruñesa. Por lo tanto, el focus de nuestra investigación será uno de sus ensayos más conocidos, La Cuestión palpitante (1883), que se perfila como el texto más idóneo para comprender tanto la evolución ideológica y estilÃstica de la intelectual gallega como algunos rasgos especÃficos del Naturalismo español.
Palabras clave: Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, Naturalismo español, crÃtica literaria.
Riassunto. Se si tiene conto del fatto che Emilia Pardo Bazán si sia dedicata contemporaneamente alla creazione narrativa e alla critica letteraria, risulta stimolante valutare la sua indole metaletteraria per l’esposizione delle teorie estetiche e dei giudizi critici della scrittrice corugnese. Pertanto, il focus della nostra ricerca sarà uno dei suoi saggi più noti, La Questione scottante (1883), che si presenta come il testo più adatto sia per capire l’evoluzione stilistica e ideologica dell’intellettuale galiziana sia alcune caratteristiche specifiche del Naturalismo iberico.
Parole chiave: Emilia Pardo Bazán, La Questione scottante, Naturalismo iberico, critica letteraria.
ni naturalista, sino ecléctica.
E. Pardo Bazán
En España son pocos los años que transcurren entre la tardÃa aceptación del Realismo y el debate sobre el Naturalismo (1883-1887), que empieza cuando circulan las primeras obras de Émile Zola (Thérèse Raquin, 1867; L’Assommoir, 1877), el teórico por excelencia de este movimiento, quien considera la realidad superior a la imaginación puesto que “aquélla se disfraza de fantasÃa para convertirse en «ficción» literariaâ€:
A partir del año 1880 empiezan a divulgarse las ideas teóricas que el naturalista francés expone y desarrolla en el que se podrÃa considerar el documento más importante del movimiento naturalista, Le Roman Expérimental, en el que se traza el perfil del nuevo novelista “experimentalâ€, quien tendrÃa que mirar esa realidad que apunta a “trasplantar a moldes literarios†de manera aséptica, “con ojos limpios de creencias subjetivasâ€, para luego transferir el hic et nunc del mundo contingente en páginas que fueran, antes que todo, “historia lógica†[2].
La parábola naturalista —según los postulados formulados en La novela experimental— sigue fiel y rigurosamente una “vÃa cientÃfica†[3], basada en los fenómenos que se pueden probar de manera empÃrica, como nos explica Émile Zola en su ensayo teórico, que se perfila —según declara el mismo autor— como la versión “literaria†de la Introduction à l’étude de la médecine expérimentale de Claude Bernard, puesto que le bastarÃa —en muchos casos— sustituir la palabra “médico†por el término “novelista†con el fin de dar valor cientÃfico a su texto didáctico:
De hecho, el hábil novelista no se limita a ser “fotógrafo†de la realidad observada sino que mira y experimenta los acontecimientos al mismo tiempo, para luego intervenir directamente en los actos de sus personajes (a quienes coloca siempre “en unas condiciones en las que él sigue siendo el amoâ€) y asà convertirse en magister vitae de sus lectores, a través de ese “método experimental†que consiste en “modificar la naturaleza, sin salir de la naturaleza†[5].
Con La Cuestión palpitante Emilia Pardo Bazán se pone en el epicentro de la polémica, hasta convertirse, si no en la responsable directa de la expansión del Naturalismo en tierra española, indudablemente en uno de sus fautores, como destaca Benito Varela Jácome al señalar que “la abierta difusión de la doctrina naturalista en España se debe a Emilia Pardo Bazán†[6]; asimismo, y a pesar de las crÃticas sucesivas que le reprocharon ser una discÃpula de Zola, propone una lectura personal de la corriente francesa, como se deduce en este célebre ensayo sobre el Naturalismo, antes publicado en una serie artÃculos —con cadencia semanal— en la “Hoja Literaria†de la revista La Época, entre el 7 de noviembre 1882 y el 16 de abril de 1883 [7].
Como sugiere ClarÃn, la intelectual coruñesa tuvo el gran mérito de darse cuenta de que la literatura nacional se encaminaba paulatinamente en busca de nuevos territorios estéticos que se conformaran con el “espÃritu de la épocaâ€:
En realidad, La Cuestión palpitante contenÃa pocos elementos novedosos con respecto a los recientes enfoques teóricos presentados ya en los dos prólogos a Un Viaje de Novios (1881) [9] y a La Tribuna (1882) [10], en los cuales la escritora revela la originalidad de su estética, aunque ésta se sitúe todavÃa en el marco de una sustancial aceptación de los principios básicos del Naturalismo. De hecho, en el referido prólogo que escribe para introducir Un Viaje de Novios, a pesar de que defienda la oportunidad de favorecer la difusión del Realismo de la “moderna escuela francesaâ€, no hace, sin embargo, ninguna clara referencia al Naturalismo y, además, si por un lado patrocina la concepción de la novela como “estudio social, psicológico, históricoâ€, por el otro señala algunos de sus “yerros artÃsticosâ€: la predilección por las escenas escabrosas, las descripciones prolijas, el tono constantemente pesimista [11].
Más cercano a las premisas de Zola parece el prólogo a La Tribuna, donde la escritora declara que su libro no es una novela sino un “estudio de costumbres locales†en el que “los elementos todos del microcosmos están tomados, como es debido, de la realidad†[12].
De los veinte artÃculos que componen La Cuestión palpitante son de fundamental importancia los primeros tres, en los que Emilia Pardo Bazán esboza algunos de los principios teóricos de su enfoque crÃtico y, además, expone sus ideas acerca de la nueva estética. En los demás, la escritora analiza las novelas de Flaubert, de los hermanos Goncourt, de Daudet y de Zola (estos últimos son los que aparecen mejor documentados), para luego concluir con una eficaz sÃntesis del panorama de la novela española de su tiempo, mientras que más incompleto se perfila el estudio dedicado a la literatura inglesa.
En el primer artÃculo, Emilia Pardo Bazán describe la génesis de la polémica provocada por la difusión de la literatura naturalista francesa y hace referencia a la acusación evidentemente infamante —desde su punto de vista— de ser la divulgadora del Naturalismo en España: con el fin de defenderse contra sus detractores, decide discutir abiertamente esa “cuestión†que se ha vuelto “palpitante†a causa de la disputa surgida alrededor del gran affaire littéraire del momento. Parece claro, sin embargo, que la supuesta defensa contra las injustas crÃticas no es más que un pretexto para mejor resaltar su distancia con respecto a las obras contemporáneas [13].
Tras denunciar la errónea actitud de la crÃtica nacional —que analizaba el nuevo género francés desde una perspectiva no tanto literaria sino más bien moral, con la consiguiente deformación de los postulados estéticos zolescos— la escritora entra en lo vivo de la “cuestión palpitante†para señalar los evidentes lÃmites de la doctrina del naturalista francés. Para Emilia Pardo Bazán, los puntos débiles del nuevo movimiento eran, por una parte, el fatalismo o determinismo y, por la otra, el utilitarismo en el arte. Estas crÃticas serÃan suficientes para poner en duda su adhesión a esa “literatura de nuestra era cientÃfica†[14], puesto que ella misma afirmará: “donde radicalmente me aparto de Zola es en el concepto filosófico… y el concepto filosófico de un sistema es su base, es su tuétano†[15]. Según la escritora gallega, los autores franceses, al hacer hincapié en los condicionamientos de tipo social, fisiológico y biológico (que constituÃan precisamente los fundamentos de la teorÃa del maestro Zola), no supieron captar esa auténtica clave de la esencia humana que es el libre albedrÃo.
En el hombre, en cambio, no ejercen su influencia sólo las leyes naturales y el marco ambiental, puesto que él es un ser dotado de alma y de cuerpo a la vez, aspecto en el que reside precisamente —según señala la novelista gallega— la fundamental equivocación de la estética zolesca:
Las diferentes formas de determinismo, desde el hereditario al social, niegan la posibilidad de la autoconsciencia, de la responsabilidad de las propias acciones y, por consiguiente, anulan la ética:
Otro aspecto que no comparte con el teórico francés es el postulado según el cual tanto la literatura como las ciencias deben tener un fin utilitario; en su ensayo Pardo Bazán toma distancia de ese concepto de “utilidad práctica†sobre el que se construyen las novelas naturalistas: “El artista de raza (y no quiero negar que lo sea Zola, sino observar que sus pruritos cientÃficos le extravÃan en este caso) nota en sà algo que se subleva ante la idea utilitaria que constituye el segundo error estético de la escuela naturalista†[18].
El papel fundamental, tanto en la literatura como en el arte, lo desempeñarÃa el talento, o sea la personalidad individual del artista, precisamente “lo que Zola llama el temperamento†[19]. Por lo tanto, si la escritora gallega condena el primer defecto de la estética naturalista desde un punto de vista cristiano, puesto que el determinismo materialista mal se combina con el concepto católico del libre albedrÃo, el segundo se opone a su credo estético [20].
Emilia Pardo Bazán concluye las censuras al movimiento francés con un sÃmil de gran efecto, que sus detractores contemporáneos no supieron apreciar ni comprender:
Comparación que retomará a comienzos del siglo XX para explicar por qué los naturalistas rusos fueron capaces de ir más allá de Zola con su “naturalismo con ventanas y respiración, sin pseudo-ciencias y sin positivismo barato†[22], o sea con un Naturalismo que le concedÃa mucho espacio al análisis del alma y al estudio espiritual del hombre.
Como se puede ver, la que dirige al Naturalismo francés es una crÃtica ideológica más bien que técnica o formal. Por esta razón, parece acertado el juicio sobre la condesa expresado por Zola, el cual encontró una solución a la paradoja vigente entre la fe católica de la escritora y su inclinación hacia el nuevo movimiento con la consideración de que su Naturalismo fuera “puramente formal, artÃstico y literario†[23].
Según tal juicio de la novelista, el Naturalismo es, más que un movimiento literario, un conjunto de técnicas, por lo que “más se ha de considerar método que escuela†[24], y —en calidad de método y no de teorÃa— debe adaptarse a la realidad histórica que aspira a describir. De ello se deduce que el Naturalismo francés, espejo fiel de la sociedad francesa, no se puede adaptar a la peculiar situación española:
Un aspecto significativo que se destaca en La Cuestión palpitante —asà como en todas las otras manifestaciones teóricas del Naturalismo— es el intento de poner en evidencia el enlace existente con la novela realista del Siglo de Oro. Según la opinión de Pardo Bazán y de otros escritores naturalistas, entre los que se destacan los nombres de Galdós y ClarÃn, el Naturalismo habÃa dejado ya sus huellas en las obras de Cervantes y de Quevedo, por lo que la fórmula de Zola no constituÃa sino una corrupción del sano Realismo de la tradición, como señala acertadamente Juan Valera en Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas [26].
La constante filiación del Naturalismo con la novela picaresca, que era actitud común en la crÃtica de la época, demuestra que los escritores españoles aspiraban a encontrar una nueva solución literaria. Sin embargo, aunque fueran conscientes del necesario cambio, se daban cuenta perfectamente que la fórmula francesa no cumplÃa con las peculiares exigencias del Realismo español. Por esta razón, mientras iban buscando una nueva fórmula narrativa, sabÃan que era preciso encontrar también una justificación teórica, un antecedente que se aproximara a la moderna cultura francesa y que, al mismo tiempo, equilibrara armónicamente la imaginación y la observación.
La novela picaresca, cruda y sarcástica, arraigada en la tradición española, fue la respuesta. Puesto que ya existÃa una tradición de corriente realista en el ámbito de la literatura nacional no hacÃa falta, por lo tanto, seguir los preceptos del Naturalismo francés; bastaba inspirarse en los modelos de Cervantes, de Quevedo, de La Celestina, para encontrar la clave adecuada para la representación mimética de la realidad, como señala —con evidente reacción “ante lo francés por un prurito nacionalista†[27] — Benito Pérez Galdós en el prólogo a La Regenta [28].
Emilia Pardo Bazán no hará más que sacar del Naturalismo francés los elementos formales que consideró necesarios para revitalizar la corriente realista nacional, hasta llegar a crear una fórmula propia. Como es evidente, la escritora se sitúa —dentro del debate naturalista— en una posición intermedia con respecto a los idealistas y a los partidarios del arte nuevo. Para los idealistas o conservadores, como Alarcón, quien definió el Naturalismo como “la mano sucia de la literaturaâ€, o Pereda, el cual reaccionó indignado cuando un crÃtico lo indicó como escritor “naturalistaâ€, la teorÃa naturalista representaba tan sólo una justificación para las obscenidades e inmoralidades que llenaban las páginas de las novelas de Zola; para los progresistas o liberales, como Galdós y ClarÃn, defensores del nuevo género, la escuela francesa era la más oportuna para darle nueva savia a la literatura nacional.
Para Emilia Pardo Bazán, la novela naturalista, sin alejarse de la realidad y sin caer en exclusivismos, debÃa dar más bien una imagen exacta de la vida y de los seres humanos, pero en su doble dimensión material y espiritual. Por esta razón, propone como solución ideal un nuevo Realismo que actúe como puente levadizo entre las dos doctrinas filosóficas antagónicas, el tradicional Realismo idealista español y el nuevo Naturalismo materialista francés:
Otro aspecto importante que se destaca de la lectura de La Cuestión es la flexibilidad sincrética de Emilia Pardo Bazán, su capacidad de armonizar los contrarios y de integrar en su trabajo crÃtico influencias distintas, aunque guarde intacta su potencialidad creadora y su originalidad. Es asà que —en su brillante ensayo— su sincretismo se encarna en el intento de conciliar, a través del arte, dos movimientos estéticos opuestos (el materialismo naturalista y el idealismo), lo que justifica también su peculiar aceptación del método naturalista, que considera un importante instrumento de renovación de la narrativa española.
De hecho, la escritora coruñesa es consciente de que, pese a las crÃticas, la doctrina naturalista realiza en el ámbito literario ese deseo de armonizar ciencia y arte que se fue difundiendo a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Supo comprender y evaluar, pues, el sentido que, en el ámbito de la evolución literatura europea de su tiempo, tenÃa la propuesta de Zola, cuyo modus operandi empÃrico estaba destinado a cambiar el viraje literario de la época, puesto que “el método experimental, tanto en las letras como en las ciencias†estaba determinando “los fenómenos naturales, individuales y sociales, fenómenos a los que la metafÃsica sólo habÃa dado, hasta el momento, explicaciones irracionales y sobrenaturales†[30].
Después de este sumario examen de La Cuestión palpitante, puede sorprender que dicho ensayo causara tanto escándalo. Joan Oleza se refiere, con respecto a este texto, al “doble juego†[31] de la escritora quien, en sus evaluaciones, parecÃa oscilar entre la condena de algunos rasgos del Naturalismo y su defensa: es lo que el crÃtico calificaba como una aceptación disfrazada de un aparente rechazo, un “no… pero sÆ[32] continuo, esa honda ambigüedad que Sherman Eoff define como “algo de aquella debilidad inherente a la persecución de un objetivo en el que no se cree del todo†[33].
No hay que olvidar, en efecto, que la tesis central de La Cuestión palpitante es precisamente el rechazo del determinismo tainiano, es decir el rechazo del fundamento filosófico del Naturalismo mismo. La escritora se acerca a la doctrina zolesca a la vez que se aleja de la filosofÃa naturalista que la sustenta. Muy acertada aparece la observación de S. Eoff, quien declara que Pardo Bazán estaba fascinada por la figura literaria de Zola más bien que por el Naturalismo mismo.
En realidad, el enfoque pardobazaniano parece bifurcarse en dos tendencias que reflejan ambas el universo femenino: por un lado, la escritora aparece indignada por la crudeza del lenguaje del novelista francés, por el otro, en cambio, siente una instintiva atracción hacia el vigor del maestro de Médan, lo que explicarÃa su admiración secreta por su realismo. Dado que no podÃa identificarse in toto con sus ideas —añade Eoff— “encontraba natural que se admirara la ruda fuerza de su realismo. Además, por razones artÃsticas, se sentÃa atraÃda por la sombrÃa imagen que tenÃa Zola de la situación que el hombre ocupaba en la naturaleza†[34]. Emilia Pardo Bazán estaba fascinada por el espÃritu del escritor francés “novelador de las fuerzas elementales, épico rapsoda (en varias ocasiones lo comparó la Pardo Bazán a Homero) de lo primitivo y lo instintivo†[35].
A pesar de que el ensayo nos revele claramente la posición de la escritora gallega con respecto a la escuela naturalista francesa, la crÃtica sigue utilizando una serie de calificativos para denotar el supuesto Naturalismo de la condesa, tales como “moderadoâ€, “católico†o “españolâ€, atributos que González Herrán considera como inútiles pleonasmos puesto que proponen una definición ideológica más bien que literaria.
John W. Kronik, por su parte, considera inadecuada la unión de conceptos incompatibles: “si es forzoso recurrir a un naturalismo a la española o a un naturalismo católico, es señal de que ha llegado la hora de revisar el canon y de abandonar por fin la cuestión palpitante del naturalismo†[36]. Consideramos, sin embargo, más acertada la definición de Joan Oleza quien, con respecto a la obra narrativa pardobazaniana, acuña la expresión de “realismo nacional†concebido como eclecticismo [37].
De todas formas, aunque haya un sector de la crÃtica de signo opuesto, el cual no reconoce la presencia de elementos naturalistas en los textos pardobazanianos, es indiscutible el influjo naturalista en las técnicas narrativas adoptadas en sus novelas (el discurso indirecto libre, el uso de un léxico médico-cientÃfico, la caracterización fisiológica de los personajes, la reproducción de rasgos dialectales tÃpicos de determinados cÃrculos sociales); y es innegable también que sus novelas presenten una considerable acumulación de informaciones y descripciones técnicas (lo que hace que a veces la trama resulte demasiado lenta y minuciosa) y que se desarrolle alrededor de un protagonista colectivo.
Sin embargo, estas técnicas descriptivas no obedecen a un enfoque estético coherente, sino más bien a una evidente adaptación superficial de rasgos estilÃsticos naturalistas; la monografÃa crÃtica de Baquero Goyanes [38] desvela, a este respecto, los artificios literarios presentes en el Naturalismo de Emilia Pardo Bazán, ocultados bajo la apariencia de una objetividad absoluta. Este Naturalismo, más bien formal que esencial, le permite asà de utilizar otros recursos descriptivos, tales como el desarrollo de la dimensión psicológica de sus personajes: y no es por casualidad si en La Cuestión la escritora declara que “de todos los territorios que puede explorar el novelista realista y reflexivo, el más rico, el más variado e interesante es sin duda el psicológico†[39].
Cabe observar que la escritora comienza a explorar los misterios profundos del alma humana ya con su célebre novela Los Pazos de Ulloa (1886) donde, a pesar de que no alcance todavÃa la introspección profunda de sus últimas novelas y que no se pueda poner en discusión la clara influencia naturalista de la obra, sin embargo ya empieza a entreverse una mirada dirigida “hacia adentroâ€.
De todas formas, no hay que olvidar que estamos frente la que ha sido considerada la novela arquetÃpica del Naturalismo español, un auténtico experimento “naturalista†en el que se examina la influencia del medio ambiente en la conducta, en las acciones y elecciones de los personajes. Interesante aparece, sin embargo, la puntualización de Hemingway, quien nos recuerda que en la novela la influencia de los factores externos no es determinante [40].
No sorprende por lo tanto que, para la escritora, el método cientÃfico, aunque resulte eficaz para el examen del mundo fÃsico, no ofrece explicaciones suficientes con respecto a la conducta individual. Es por eso que, al hilo del enfoque de Oleza, podemos llegar a concluir que, en el caso especÃfico de las novelas pardobazanianas, serÃa mejor hablar no tanto de determinismo sino de “condicionamientos†[41]. Dicho de otra manera, los personajes de la escritora aparecen condicionados por una serie de circunstancias más bien que por el medio ambiente o la herencia biológica.
A conclusiones parecidas ha llegado también un amplio sector de la crÃtica moderna, que hasta rechaza la presencia de huellas naturalistas en la obra: Marina Mayoral [42] propone una lectura de la novela en calidad de precursora de la corriente psicológico-espiritualista mientras que Maurice Hemingway [43] la considera una obra hÃbrida: mitad experimento cientÃfico, mitad estudio psicológico.
Algunos crÃticos atribuyen la aparición de la dimensión espiritualista en la novela al influjo de la novela rusa que la escritora habÃa comenzado a leer desde el invierno de 1885. De hecho, es en la novela rusa, aún no conocida cuando escribió La Cuestión palpitante, que Pardo Bazán encontrará la respuesta práctica a sus ideas naturalistas, puesto que ésta se centra más en la esfera espiritual humana y en la dimensión moral de los acontecimientos narrados.
Este ensayo, por lo tanto, se puede considerar como la representación teórica más clara e inteligente del peculiar Naturalismo pardobazaniano y, más en general, español [44], cuya conquista más lograda reside en el haber descubierto que la transcendencia se encuentra en la materia misma y que ésta no puede prescindir del espÃritu. Hacia los finales del siglo, cuando por fin el realismo profundice su dimensión ideológica y estética, el elemento espiritual tomará la delantera frente a la materia, hasta que ésta llegue a hacerse casi invisible (La Quimera,1905; La Sirena negra,1908; Dulce dueño,1911).
Al Naturalismo español no hacÃa falta la fórmula francesa (como no le servirá la rusa), porque su proceso cultural, polÃtico y social era totalmente distinto del aquel francés, en el que, al contrario, reinaba un escepticismo y una desconfianza total con respecto al espÃritu y al mundo “idealâ€. De hecho, España se encontraba aún en una fase de conquista y de estabilización de los grandes ideales democráticos. Cuando la realidad polÃtica, durante la Restauración, ya no corresponda a estos ideales, España —igual que los demás paÃses europeos— se alejará paulatinamente de la realidad exterior y se adherirá a un nuevo subjetivismo. Será entonces cuando, en la última fase de su producción narrativa, Pardo Bazán, Galdós y ClarÃn, tomarán distancia de la escuela naturalista en favor de un Espiritualismo progresivo, en lÃnea con los exponentes de la generación del ‘98.
Referencias bibliográficas
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Notas
[*] Universidad de Granada.
Contacto con el autor: cristianafimiani4@yahoo.it
[1] Émile Zola, El Naturalismo, ed. de Laureano Bonet, trad. de Jaume Fuster, Barcelona, NeXos, 1988, pp. 11-12. La floración de esta nueva corriente estética, por lo tanto, se debe a un conjunto definido de coyunturas histórico-culturales, que se pueden clasificar bajo el común denominador de la mentalidad “positivista†de la emergente burguesÃa liberal:
[2] Émile Zola, El Naturalismo, op. cit., p. 16.
[3] Émile Zola, “La novela experimentalâ€, en El Naturalismo, op. cit., p. 31.
[4] IbÃd., pp. 36-37.
[6] Benito Varela Jácome, Estructuras novelÃsticas de Emilia Pardo Bazán, Santiago de Compostela, Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos, 1973, p. 32.
[7] Estos artÃculos sueltos serán recogidos en un único volumen en 1883, introducido por un Prólogo de Leopoldo Alas, quien alaba la inmensa cultura y la extraordinaria agudeza crÃtica de la condesa:
[8] IbÃd.
[9] Con Un Viaje de Novios la escritora se aproxima tÃmidamente al Naturalismo, insertando en la novela elementos tÃpicos como el determinismo fisiológico que influye sobre la manera de actuar de los personajes, una atención especial hacia las enfermedades y los bajos instintos, los cuales, sin embargo, no llegan a adquirir relevancia en la obra. Cabe destacar que, para un sector de la crÃtica, la novela constituye incluso un claro ejemplo de sensibilidad decadentista de la novela realista española (Cf. Maurice Hemingway, “La trayectoria novelÃstica de Emilia Pardo Bazánâ€, en Historia de la literatura española, siglo XIX, vol. II, ed. de Leonardo Romero Tobar, Madrid, Espasa Calpe, 1998, p. 662).
[10] Con La Tribuna, en cambio, la narrativa pardobazaniana se sitúa más en la lÃnea de la novela experimental, dado que utiliza con coherencia los recursos y las técnicas narrativas naturalistas, in primis la de la documentación directa. Fiel al método pedagógico zolesco, la escritora pasó dos meses en la Fábrica de Tabaco de La Coruña, para documentarse in situ sobre la organización y división del trabajo y el modus vivendi de las cigarreras.
[11] Emilia Pardo Bazán, “Prólogo a Un Viaje de Noviosâ€, en Obras Completas, ed. de DarÃo Villanueva y J. M. González Herrán, vol. I, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 1999, p. 197.
[12] Emilia Pardo Bazán, “Prólogo a La Tribunaâ€, en Obras Completas, op. cit., p. 409.
[13] De la delicada cuestión del Naturalismo ya se habÃan ocupado algunos de los crÃticos más influyentes de su tiempo, tales como Manuel de la Revilla con su artÃculo “El Naturalismo en el arte†o González Serrano con “El dÃa contemporáneo†(ambos publicados en Revista de España) y el más conocido ClarÃn quien —a través de sus extraordinarios artÃculos que vieron la luz en la revista La Diana (1882) — funda las bases teóricas del Naturalismo español y, con la recensión de La Desheredada (1881) en la que se refiere al “nuevo camino†de Galdós, señala el comienzo de una nueva estética en el ámbito de la narrativa española.
[14] Émile Zola, “La novela experimentalâ€, op. cit., p. 47.
[15] Emilia Pardo Bazán, Apuntes autobiográficos, en Obras Completas, vol. III, op. cit., p. 44.
[16] Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, en Obras Completas, vol. I, op. cit., p. 11.
[17] IbÃd., p. 54.
[18] Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, op. cit., p. 11.
[19] IbÃd., p. 12.
[20] Conforme con los principios estéticos de Hegel, Pardo Bazán cree que el primer objetivo del arte sea la realización de la Belleza, en total coincidencia con la doctrina estética del admirado Valera, quien en este sentido escribÃa:
[21] Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, op. cit., p.12.
[22] Emilia Pardo Bazán, La literatura francesa moderna. El Naturalismo, en Obras Completas, op. cit., p. 112.
[23] Cf. “Opiniones de Emilio Zola sobre La Cuestión palpitanteâ€, en La Cuestión palpitante, op. cit., p. 55.
[24] Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, op. cit., p. 15.
[25] IbÃd., p. 26.
[27] Francisco Caudet, Zola, Galdós, ClarÃn. El Naturalismo en Francia y España, op. cit., p. 78.
[29] Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, op. cit., p. 12.
[30] Émile Zola, “La novela experimentalâ€, op. cit., p. 71.
[31] Joan Oleza, “Realismo y naturalismo en la novela españolaâ€, en La novela del XIX: del parto a las crisis de una ideologÃa, Valencia, Bello, 1976, p. 479.
[32] IbÃd.
[33] Sherman Eoff, “La deificación del proceso consciente. Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta (1886-1887)â€, en El pensamiento moderno y la literatura española. Ensayos de literatura comparada: la repercusión filosófica de la ciencia sobre la novela, Barcelona, Seix Barral, 1965 (pp. 125-151), p. 127.
[34] IbÃd.
[35] Joan Oleza, “Emilia Pardo Bazán y la mitologÃa de las fuerzas elementalesâ€, en La novela del XIX: del parto a la crisis de una ideologÃa, op. cit., p. 74.
[36] John W. Kronik, “Entre la ética y la estética: Pardo Bazán ante el decadentismo francésâ€, en Estudios sobre Los Pazos de Ulloa, ed. de Marina Mayoral, Madrid, Cátedra, 1989, (pp. 163-174), p. 173.
[37] Joan Oleza coloca las novelas de Emilia Pardo Bazán en una “lÃnea ecléctica de realismo nacional fecundado por los nuevos vientos naturalistas†(Joan Oleza, “Emilia Pardo Bazán y la mitologÃa de las fuerzas elementalesâ€, op. cit., p. 69).
[38] Cf. Mariano Baquero Goyanes, La novela naturalista española: Emilia Pardo Bazán, Murcia, Universidad de Murcia, 1986.
[39] Emilia Pardo Bazán, La Cuestión palpitante, op. cit., p. 25. Para doña Emilia, en efecto, aunque pueda resultar útil para el estudio del mundo fÃsico, el método cientÃfico no lo es igualmente para la exploración de los misterios psicológicos individuales. De ahà el interés de la escritora para las técnicas de representación narrativa de la intimidad psÃquica de sus personajes.
[40] Cf. Maurice Hemingway, “La trayectoria novelÃstica de Emilia Pardo Bazánâ€, op. cit., p. 670.
[41] Joan Oleza, “Emilia Pardo Bazán y la mitologÃa de las fuerzas elementalesâ€, op. cit., p.71.
[42] Marina Mayoral, “El naturalismo de Los Pazos de Ulloaâ€, en Estudios sobre Los Pazos de Ulloa, Madrid, Cátedra, 1989, p. 78.
[43] Cf. Maurice Hemingway, “La trayectoria novelÃstica de Emilia Pardo Bazánâ€, op. cit., p. 667.
[44] En España, el movimiento naturalista no tuvo la misma entusiástica acogida que halló en el resto de Europa, a lo mejor por su estrecha vinculación con el positivismo. Para comprender el motivo de este rechazo hay que tener en cuenta la peculiar situación socio-polÃtica y cultural española que, a diferencia de la francesa, no permitió una extensa recepción de esa corriente estética. En Francia el Naturalismo se perfilaba como expresión de la necesidad de objetividad y de la falta de fe en la relación individuo-sociedad, que se habÃa propagado a raÃz de la crisis de la concepción individualista del mundo, propia de la burguesÃa del capitalismo liberal. A España, al contrario, fundada en una estructura social muy diferente a la francesa y con una revolución burguesa que aún estaba por empezar, le hacÃan falta los dos pilares fundamentales para la difusión de las tesis naturalistas y positivistas: el orden social surgido de la Revolución Francesa y el desarrollo de las ciencias naturales. La clase burguesa española no consiguió llevar a cabo las transformaciones necesarias en la realidad del paÃs que habrÃan permitido la identificación de la filosofÃa positivista con los intereses nacionales. Y asimismo cabe destacar que sólo después de la Revolución burguesa del ‘68, y del consiguiente fermento en el plano polÃtico-religioso-social, la narrativa española encontrará terreno fértil donde antes no habÃa conseguido florecer: una prueba más, ésta, del vÃnculo estrecho entre la novela y la burguesÃa protagonista de los motines de 1868. El mundo intelectual español se abrirá paulatinamente, a raÃz del marco socio-histórico, a la nueva concepción cientÃfica del mundo mediante una fórmula conciliativa entre el Realismo español, abstracto o impregnado de ideologÃa, y el Naturalismo francés, después del duro debate inicial entre los defensores del realismo autóctono de la tradición y/o del idealismo y los experimentadores de la nueva fórmula naturalista francesa. El origen de la búsqueda de una posibilidad de conciliación entre los dos extremos se encuentra en la filosofÃa de corte krausista. Los discÃpulos de Julián Sanz del RÃo, encabezados por Francisco Giner de los RÃos, desempeñaron un papel importante en la difusión del Positivismo. El Krausismo, que implicaba un espÃritu de tolerancia y curiosidad hacia todos los sistemas filosóficos, cientÃficos y polÃticos, fue fundamental en la formación intelectual de Emilia Pardo Bazán, gran amiga de Giner de los RÃos. Gracias a los postulados teóricos de este movimiento, la intelectual gallega pudo aprender que se podÃa establecer un diálogo fértil entre las partes en conflicto. Por lo tanto, también en el caso de la novela, escindida entre la escuela idealista y la naturalista, se podÃa crear una sÃntesis armónica.
Emilia Pardo Bazán, y también Galdós y ClarÃn, nunca aceptaron que el espÃritu estuviera supeditado a la materia y, por lo tanto, intentaron conseguir un equilibrio entre ambos aspectos de la existencia. En España, la ciencia que mejor podÃa adaptarse a dicha fusión, hacia finales del siglo XIX, era sin duda la psicologÃa. El peculiar Naturalismo español que, según lo define Sherman Eoff, era “una mezcla de idealismo filosófico y de realismo cientÃfico, que en el arte novelÃstico se le puede aplicar el término de idealismo realistaâ€, se dirigÃa pues al análisis psicológico. (Sherman Eoff, El pensamiento moderno y la novela española. Ensayos de literatura comparada: la repercusión filosófica de la ciencia sobre la novela, op. cit., p. 75).


