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EGM.
Marzo 2009 /
Publicación semestral. ISSN: 1988-3927. Número 4, marzo de 2009.

Contra el horror y el olvido, la Música

"TEREZÍN–THERESIENSTADT": Anne Sophie von Otter, mezzo-soprano; Chistian Gerhaher, barítono; Bengt Forsberg, piano; Daniel Hope, violín. CD. Deutsche Grammophon 477 6546. 2007.
Ana Bocanegra Briasco
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La habitación excavada debajo de “El Caballero”, donde viven los ancianos, el olor de las letrinas, la escasa luz, la suciedad, física y moral. La única preocupación es comer lo mejor que se pueda, dormir y… ¿qué más? ¿Vida espiritual? ¿Acaso puede existir en semejantes madrigueras subterráneas algo más que el simple instinto animal de satisfacer las necesidades corporales? ¡Y sin embargo es posible! La simiente de una idea creativa no perece entre el barro y la mugre. Brota incluso allí y florece como una estrella refulgente en medio de la oscuridad.

Éstas son las palabras que el joven Petr Ginz, a los dieciséis años de edad escribió en su diario durante su estancia en Terezín o Theresienstadt, uno de los terribles escenarios de todo lo que aconteció tras la Kristallnacht, campo de concentración situado a unos 60 km de Praga al que fueron a parar 138.000 judíos checos y de otras nacionalidades, entre ellos las hermanas de Kafka, la hermana de Sigmund Freud y el poeta francés Robert Desnos y del que quedaron al final de la Segunda Guerra Mundial sólo 17.000. Se trataba de un campo “de transición” pues, aunque muchos acabaron en él sus días, la mayoría estaba de paso hacia Auschwitz donde se les aplicaba la llamada “solución final”.

El estremecedor testimonio de Ginz nos muestra cómo se llevó a cabo en aquellos meses la transformación de la cotidianeidad praguense a manos de quienes, en defensa de la superioridad de la raza aria, se propusieron una exterminación enmascarada de la población judía. Queda claro en sus escritos lo que primero se podría denominar “gueto invisible”, manifiesto en el conjunto de prohibiciones sucesivas, cada vez más numerosas y absurdas, a las que esta comunidad se veía sometida, el tácito “amurallamiento” de sus quehaceres más normales, lo imposible que se les estaba haciendo la vida en una aparente libertad y el continuo envío de personas a Polonia o al Palacio de Exposiciones (lugar desde el que partían para Terezín); así se expresaba el adolescente en su ingenuidad ante estos hechos sin que aflorase la consciencia de lo terrible que todo esto significaba, ni de que ambos destinos eran los más seguros caminos a la muerte aunque, en un momento dado, nos dice el 1 de enero de 1942: “…Por lo demás no pasa nada especial. En realidad pasan muchas cosas, pero no se notan. Lo que resulta ahora totalmente corriente, hubiera sido motivo de escándalo en una época normal.”

Fue, sin embargo, aquel campo un tanto especial. En él se vieron reunidos gran cantidad de intelectuales y artistas y la vida cultural del mismo, a pesar del deseo destructivo nazi, verdaderamente intensa. El expolio material del pueblo semita fue evidente, no así el espiritual. Se celebraron clandestinamente conferencias, se instalaron cafés, se creó una biblioteca con 60.000 volúmenes requisados a los judíos allí destinados, se llegó incluso a representar una ópera infantil de Hans Krása y el mismo Ginz, de espíritu curioso e inquieto, además de dibujar y escribir alguna novela, fue redactor del semanario Vedem, confeccionado por el grupo de muchachos alojados en su mismo sector del campo.

En el ámbito de la música fue igualmente fructífero aquel entorno. Entre los allí deportados se encuentran compositores de gran valía que nos han dejado una serie de piezas de interés tanto por el momento y circunstancias de su creación como por su calidad. Una selección de las mismas puede ser disfrutado desde el mes de diciembre de 2007 en un registro de la Deutsche Grammophon en el que la magnífica interpretación de la mezzo-soprano Anne Sophie von Otter, el barítono Christian Gerhaher, el violinista Daniel Hope y otros estupendos instrumentistas nos ofrece una serie de canciones compuestas allí mismo y una única pieza instrumental.

Contiene este CD canciones de nueve compositores conocidos más una anónima, todos ellos víctimas del holocausto, habitantes de Terezín excepto dos, Schulhoff (1894-1942), que fue llevado directamente a Würzburg y Martin Roman (1910-1996).

El resto son canciones en alemán, checo, yiddish y francés. Muchas de ellas tiene una apariencia si no feliz, al menos podría decirse, despreocupada. Tal es el caso de Wir Reiten auf hölzenen Pferden (Nosotros montamos en caballos de madera) de Martin Roman y de Pod dešnikem y Všechno jde! Všechno JDE!, ambas de Karel Svenk (1917-1945), uno de los precursores de las actividades culturales de Terezín e impulsor del cabaret que, además de aportar humor, tenía como misión el fortalecimiento espiritual de los que allí estaban. La segunda de las aquí citadas es la conocida “Marcha de Terezín” que se cantó siempre en cada representación teatral. También en este grupo entraría Ich weiss bestimmt, werd ich dich wiedersehen! (Sé con seguridad que volveré a verte), escrita por Adolf Strauss (1902-1944), que muestra una sutil y resignada melancolía revestida, muy a lo lejos, de esperanza. Ironía de la Historia que otro Adolf Strauss fuera un Coronel General del Ejército Nazi procesado en Nüremberg por crímenes de guerra.

Cabría aquí cuestionarse si el carácter más “animoso” de estas cuatro canciones fue fruto natural de sus autores o se vio en algún modo forzado pues, sin olvidar el afán de amenizar la situación que tuvo Svenk, no podemos dejar a un lado algo que caracterizó a Terezín: más allá de la actividad cultural que sus habitantes motu proprio ejercieron, hubo otra obligada por la pretensión de los nazis de mostrarlo al mundo como una colonia judía modélica. De hecho, ante la visita en 1944 de un Comité Internacional de la Cruz Roja se llegaron a rodar películas como Theresienstadt, ein Dokumentarfilm aus dem jüdischen Siedlungsgebiet (Theresienstadt, un documental sobre un asentamiento judío) y Der Führer schenkt den Juden eine Stadt (El “Führer” regala a los judíos una ciudad) en las que todo aparecía en orden y se mostraba la actividad profesional y artística del pueblo judío y el modo de vida organizado y productivo que se les estaba proporcionando. Una vez “adecentado” el panorama se envió inmediatamente a la mayoría de los actores que intervinieron en el rodaje, así como a su director, Gerron, a Auschwitz-Birkenau donde acabaron en las cámaras de gas.

Profundamente conmovedora y bella es la canción de cuna Wiegala de Ilse Weber (1903-1944) quien fue deportada junto a su marido e hijo mayor a Terezín y cuya producción artística dentro del campo incluye un libro de poemas llamado In deinen Mauern wohnt das Leid (En tus muros habita el dolor). Con un simple acompañamiento de guitarra ésta debió ser una de las varias nanas que cantaba a los niños y ancianos que iban a ser asesinados, entre ellos su propio hijo.

Los autores que siguen pueden ser considerados, dentro de los incluidos en este CD, como los de mayor proyección dentro de los confinados en Terezín. Todos ellos estaban inmersos en las distintas corrientes compositivas de la Europa del momento y de no haber sido por las trágicas circunstancias habrían tenido, sin duda, una carrera prometedora.

Comenzaremos con Víctor Ullmann (1898-1944) quien ya estaba consagrado en 1939. Alumno de composición de Schönberg en Viena y de Zemlinsky, en Terezín, además de organizar conciertos y escribir comentarios musicales, compuso su Sonata nº 7 para piano y el melodrama Die Weise von Liebe und Tod (La melodía del amor y la muerte), con texto de Rilke. Aquí encontramos uno de los Tres cantos yiddish op. 53, Beryokzele, de carácter indiscutiblemente hebreo y en el que la aparición en el acompañamiento del clarinete, así como la languidez de su melodía llena de salpicaduras orientales nos hace pensar directamente en la música klezmer aunque, en este caso, lejos de la vitalidad que caracteriza este género de música popular. De sus Seis Sonetos op.34, Clere Vénus (Sonnet V) destaca por su tratamiento claramente afrancesado de la melodía y el ritmo, incluso por su sensualidad. Así ocurre también con el que le sigue, El voit mourir (Sonnet VII).

Hans Krása (1899-1944), autor de la ópera infantil Brundibar a la que hacíamos mención, fue también alumno de Zemlinsky y, en Francia, de Albert Roussel. De sus años de Terezín nos dejó los Drei Lieder (Tres canciones según Rimbaud) para barítono, clarinete, viola y violonchelo que incluye este registro, enormemente expresivas, y Passacaglia und Fuge (Pasacaglia y Fuga) para trío de cuerdas.

Pavel Haas (1898-1944), fue alumno de Janacek y estuvo influido por Stravinsky en su sentido de lo grotesco y el humor. Con un estilo muy personal en el que se da la combinación de elementos en apariencia dispares como el jazz y la música popular de Moravia, estando en Terezín compuso, entre otras obras, estas Čtyři písně na slova čínské poezie, které vznikly (Cuatro Canciones a las palabras de la poesía china [Jing Wei-Wu, Wang-Wei, Tchang Tiou-ling, Han I]) para bajo o barítono y piano.

Finalmente de Edwin Schulhoff (1894-1942), la única pieza instrumental que aquí se nos ofrece, su Sonata para violín solo, compuesta en 1927 y en la que se puede apreciar la valía de su autor y lo que habría podido ser su trayectoria, no en vano fue discípulo de Debussy y Max Reger. Pianista de técnica excelente que se adentró también en el mundo del jazz nos muestra en esta obra su cercanía con la Segunda Escuela de Viena y con la música de vanguardia.

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